viernes, 21 de agosto de 2009

Palabra de honor


Este día hay un cumpleaños y aunque no hay nada que celebrar si deberíamos apagar todas las velitas y las veladoras que millones de mexicanos encienden todos los días para invocar a quien más confianza se le tiene en el mundo espiritual, que nuestros familiares vayan y vuelvan con bien a nuestras casas.

Así es, hoy hace justamente un año se firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad en el que los gobiernos estatales, el del Distrito Federal y el gobierno federal suscribieron una serie de compromisos para atenderse de inmediato y hasta en un plazo de dos años sin que se hasta ahora se tengan resultados satisfactorios.

Y es que como dice Alejandro Martí, hace falta voluntad política para cumplir, y añadiría que no sólo con los compromisos en materia de seguridad, sino en todos los compromisos públicos que hace la autoridad en cualquiera de sus niveles y órdenes.

Volviendo al tema de la inseguridad, no nos hagamos tontos, meter la mano hasta el fondo de la cloaca tiene costos políticos tan altos que nadie tiene los pantalones para poner en riesgo su futuro político y su integridad física a favor del país.

Todo comienza con la “inocente” permisividad a faltas que parecen insignificantes pero sin las cuales, nuestro sistema de incentivos perversos no funciona. Menos en elecciones.

En efecto, cuando al ciudadano común se le permite estacionarse en lugares prohibidos, tirar basura, instalarse en la calle a vender piratería y contrabando, entonces se desvirtúa el pacto social y nadie le teme a la autoridad. Es aún más grave cuando la autoridad se disloca y en vez de sancionar se presta a la corrupción.

Y es que si nos asomamos a las faltas inocentes, nos daremos cuenta de que el comercio informal se alimenta de todo tipo de ilegalidades que van desde la competencia desleal hasta delitos graves sin que haya absolutamente nadie que ponga orden y que tenga la calidad moral para señalar el vicio.

Y es que nosotros los ciudadanos también nos hemos hecho cómplices de la delincuencia organizada; cuántos de nosotros hemos comprado alguna vez algún artículo pirata o fayuca bajo el estúpido pretexto de que “es más barato” sin tomar en consideración que cerramos el círculo de delitos como el robo y el contrabando.

Y es que somos un país de comodones que no estamos dispuestos a cargar con las consecuencias de nuestros actos, si no nos alcanza para comprar algo, simplemente no lo compramos, ah pero preferimos sacarle la vuelta aunque sea violando las leyes.

Con esas actitudes, la inmensa mayoría de los mexicanos debería estar en la cárcel.

Si el pueblo tiene alicientes para alimentar la delincuencia, imaginemos la dimensión de los incentivos que tiene la autoridad cuando tiene a una población que no se subleva porque se toleran prácticas ciudadanas al margen de la ley que son la base de toda la estructura delincuencial en nuestro país.

Ante esa doble moral, no nos queda de otra que moralizar a la sociedad porque no podemos dar el paso hacia la cultura de la legalidad si antes no comprendemos que tenemos que respetarnos y hacernos respetar para recuperar la congruencia y la cordura.

Y si esa es una obligación de todos, se exige desde luego que la autoridad deje señales contundentes de un cambio en su ética, porque las pueriles justificaciones de los últimos días sobre los resultados insatisfactorios en materia de seguridad, ponen en evidencia que tenemos políticos y gobernantes mediocres, de una bajísima escala moral y que no tienen aprecio siquiera por sí mismos. Dicho de otra manera no son honorables porque no tienen palabra de honor. En Japón ya se deberían practicar el harakiri.

El problema ya no está tanto en los indicadores, sino en que hace un año se les dijo claramente “Si no pueden, ¡renuncien!”Y pareciera que hubo oídos sordos y es peor por la impresión que dejan a los ciudadanos, porque si el gobernante o el funcionario pueden mentir impunemente y no cumplir sus compromisos sin castigo alguno, es tan grave como el asesino o el narcotraficante. Así nunca vamos a poder combatir la delincuencia.

Con justeza hay que decir que solamente Marcelo Ebrard le tomó la Palabra a Alejandro Martí y se comprometió, no en un año, sino en cien días a que daría resultados y no cumplió, pero vemos con tristeza que allí sigue despachando en el Ayuntamiento con todo el cinismo y la impunidad propios de los delincuentes organizados; por supuesto que se va a hacer el loco y no va a renunciar porque la Presidencia de la República bien vale mentir, incumplir, hacerse tonto y hasta delinquir.

Él y otros tantos más no pudieron, ¡Que renuncien! ¿O acaso no tienen Palabra de Honor?

jueves, 13 de agosto de 2009

Fervor mexicanero

En más de una ocasión en este blog se cuestionó la posibilidad de incluir al fútbol como tema de la agenda pública que, aunque sí lo es y si tiene impacto en la psicología social, tampoco es determinante para los asuntos de Estado, sin embargo, tarde que temprano tendría que suceder y helo aquí.

Indiscutiblemente la Selección Mexicana de Fútbol demostró carácter en el terreno de juego y no sólo derrotó a su similar estadounidense en la pizarra, sino que tuvo mayor posesión del balón y mostró una fortaleza física y moral que pocas veces se recuerda.

Pero no se fíe, querido lector, porque es el juego del 12 de agosto en el Estadio Azteca, el pretexto ideal para señalar una aberración social que sólo se pone de manifiesto con los triunfos de la representación mexicana en un deporte tan popular como el fútbol.

Sí, la selección ganó contundentemente y nadie lo cuestiona, también es causa más que justificada para celebrar y poner en lo más alto el orgullo patrio en un tiempo en que la falta de referentes emblemáticos que nos den una inspiración es la constante, y sobre todo en un entorno de crisis en que parece que México es objeto de las siete plagas. Esta victoria es un verdadero respiro al ánimo nacional.

Pero en el festejo está el pecado del mexicano, porque pone de manifiesto su total falta de compromiso con el país, no solo al reproducir la frase de que “ante la victoria nosotros ganamos y ante la derrota ellos (la selección) perdieron”, sino porque exaltamos una serie de valores “patrios” que poco o nada tiene que ver con el patriotismo.

¡Viva México cabrones! Es la consigna que se grita en la Glorieta del Ángel de la Independencia, y en otras plazas importantes del país, en medio de carreras, sonrisas y cervezas, y entonces me pregunto quiénes diablos son los cabrones; según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el cabrón es un hombre experimentado y astuto que juega malas pasadas, que es molesto, infiel y traficante; pero también es la persona que aguanta cobardemente los agravios de que es objeto. Entonces a quiénes les decimos cabrones.

En el caso de la coyuntura se trataría de los “gringos” y después al resto del mundo, quizá por los agravios de que hemos sido objeto como país, en su época por españoles, ingleses, holandeses, franceses y estadounidenses; y en el mundo moderno por todo lo que significa un desarrollo que es ajeno al nuestro.

Sin embargo, lo más probable es que el mexicanito que lanza esa proclama a los cuatro vientos se trate de un “cabrón” abusivo que no respeta las leyes porque le parecen injustas, no paga impuestos, compra artículos pirata, tira basura en la calle, da mordidas, si tiene auto se pasa los altos y se estaciona en sitios reservados a personas con discapacidad, y quizá hasta haya votado por el PRI porque lo considera un ladrón que “salpica al pueblo”.

Si eso es lo que consideramos patriotismo entonces ni nos viene quejarnos de las amarguras de la patria; no tenemos calidad moral para pedirle al poder público que combata a la delincuencia organizada si somos sus principales clientes, cómo diablos le exigimos honestidad a los gobernantes y políticos si nosotros somos igual de corruptos y siempre tratamos de sacarle ventaja al prójimo –generalmente con astucias mañosas-, cómo nos atrevemos a reclamar obras y servicios de calidad si sólo una minoría sostiene con sus impuestos a una mayoría parasitaria, cómo peleamos nuestros derechos si no somos capaces de cumplir con nuestras obligaciones como mexicanos.

Si los mexicanos fuéramos ciudadanos responsables, no tendríamos que andar temiendo que una turba emocionada por el triunfo de la selección pudiera violar a la Diana Cazadora, sino que cuidaríamos que lo que ya pagamos con los impuestos no fuera dañado en nuestro frenesí futbolero.

El verdadero patriota mexicano cumple con sus obligaciones ciudadanas y tiene toda la dignidad para reclamar su derecho sin que tenga nada que lo haga agachar la cabeza, eso sí es ser mexicano.

Si visualizamos la ciudadanía mexicana, como la membresía a un club exclusivo, comprenderemos que para conservarla tenemos que cumplir con las reglas que se establecen, de otra manera quedamos excluidos, de tal suerte que podamos entender que el mexicanito patriotero que grita desordenadamente y que no cumple con sus leyes y normas, no debería ser llamado mexicano.

Ganemos ese espacio para que seamos un pueblo capaz de exigir a su gobierno honestidad y tengamos el talante para obligar al espacio público a construir, junto con nosotros, el país que queremos.

¡Que viva México! Para los mexicanos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Ya no nos doren más la píldora


Desde el 11 y hasta el 13 de agosto se discuten, tanto en el Senado de la República como en el Gobierno del Distrito Federal, audiencias públicas para evaluar la crisis económica y proponer soluciones, así como mesas redondas sobre el agotamiento del modelo de desarrollo, respectivamente.

Sin pretender asumirnos como profetas o futurólogos, sí podemos sacar una conclusión anticipada del resultado de ambos ejercicios: dinero gastado en la organización y logística de eventos que no producirán absolutamente nada; diría Carlos Monsiváis: “Como en las telenovelas, pasa de todo para que al final no pase nada”

Y es que partimos de un lastre fundamental que no deja que la economía despegue: la mal entendida política social que crea clientela; si parafraseamos a Lionel Robbins y entendemos a la economía como administración de la escasez tendríamos que pensar, en una construcción ideal del ejercicio de análisis, que se propondría llevar a cabo un programa de reorientación del ejercicio del gasto a áreas verdaderamente prioritarias como la infraestructura, seguridad pública eficiente, desarrollo industrial y subsidios a la educación y la investigación científica y tecnológica; pero no, seguimos pensando en poner a salvo el asistencialismo.

Desde luego que sí es importante ayudar a los pobres, pero dándoles limosnas nunca los sacaremos de limosneros, hay que generar otras alternativas de desarrollo y atreverse a cambiar al país sin andar pensando tanto en los costos políticos, porque con ellos como ancla, nunca podremos superar los rezagos del país.

Si profundizamos en los alcances de lo que se consideran las políticas prioritarias del gobierno mexicano caeremos en la cuenta de que estamos ante una disyuntiva que, irremediablemente, nos conduce a un mal camino porque, o se trata de una estrategia que no asegura el despegue productivo de los segmentos de la población en desigualdad, o simplemente es un plan perverso para mantener un coto de poder basado en la necesidad de la gente, como diría Álvaro Vargas Llosa, en la transferencia de la riqueza desde los pobres a los ricos.

En efecto, las políticas asistenciales en México tienden a organizarse en torno a los indicadores del Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sin tomar en consideración las peculiaridades socioculturales de las comunidades y las personas, por lo que las implementan bajo los criterios de PIB per cápita, educación y mortalidad, mismos que se pretenden paliar con una suerte de “becas” para quitarse de encima la responsabilidad de ampliar la cobertura y calidad de los servicios sociales existentes generando una dependencia total de los recursos de los programas, sin implementar modelos de responsabilidad social y desarrollo.

Lo anterior se pervierte con el intercambio de favores que crean la clientela política y dejan un esquema de apoyos a núcleos sociales a cambio de apoyo político-electoral, todo al margen de la ley. Ello, aunado a la política de subsidios generalizados que terminan beneficiando más a los segmentos sociales de mayores ingresos, configura un escenario en que los contribuyentes cautivos y los consumidores –de todo nivel social- financien la política asistencial, de la cual, las clases pudientes, también resultan favorecidas –los pobres hacen más ricos a los ricos- sin que se tengan resultados concretos.

Todo este enredo podría solucionarse con la eliminación de la política asistencialista, pero a la clase política le es más rentable mantener con limosnas a votantes cautivos que esperan la “generosa” dádiva del gobierno en turno, que a hacer progresar a una sociedad que después se volvería más crítica y exigente, y que podría cometer la “imperdonable ingratitud” de no votar por ellos, sólo porque cometieron el “inocuo pecadillo” de no ser eficientes.

En un contexto de crisis se tienen que tomar medidas valientes y de gran calado que tienen un costo político, pero que en el mediano plazo pueden enderezar el barco.

El problema es que, como carecemos de estadistas en México y los que hay tienen cerrada la puerta para el ejercicio del poder público, siempre estamos supeditados a la buena de los gobernantes y si estos miden que las dolorosas medidas que se deben tomar para superar los rezagos tienden a restar votos, simplemente dejarán las cosas tal y como están.

Lograr mayor equidad en la distribución de la riqueza implica también una redistribución de las responsabilidades fiscales de todos los mexicanos, porque ha quedado fehacientemente demostrado que la política de exenciones y apoyos hacendarios termina favoreciendo a los mexicanos de mayores ingresos en lugar de aquéllos que verdaderamente lo necesitan.

Hacer que todos los mexicanos, sin excepción, paguen impuestos no es una herejía, antes bien es una obligación del ciudadano para con el Estado por lo que se hace impostergable cerrar la puerta de los privilegios y las exenciones para que el gobierno cuente con los recursos suficientes para financiar el desarrollo y destinar partidas específicas a los mexicanos que en realidad lo necesitan.

En ese sentido hay que comprender que el ejercicio del gasto público para financiar paliativos no estimula la productividad social, por el contrario, incrementa la dependencia y la cultura del mínimo esfuerzo, lo que deja la responsabilidad productiva en una minoría que no se beneficia de los apoyos gubernamentales, por lo que también se hace urgente que la política asistencial venga acompañada de la responsabilidad social del beneficiario, si se le ayuda que también sea solidario; de nada sirve regalar el dinero de los contribuyentes para que no pase nada, se tiene que obligar a los beneficiarios a dar resultados concretos por cada apoyo recibido, sea en productividad, eficiencia, creatividad, rendimiento académico, etcétera, de otra manera estaremos tirando el dinero público a un pozo sin fondo.

La verdadera inversión pública para el desarrollo está en la generación de fuentes de trabajo y no de empleo, en la infraestructura estratégica del país, y en una educación de calidad que cambie la mentalidad de los mexicanos desde la visión del empleado a la del emprendedor, y desde la postura del súbdito a la del ciudadano activo.

Y es que en nuestra América Latina se ha confundido al gobierno con el Estado y después, en su función, porque se tiene la errónea impresión de que el gobierno debe ayudar a la población cuando en realidad su verdadera función es la de administrar los recursos nacionales para asegurar la autoprotección social.

Tenemos que salir de nuestra percepción medieval de la sociedad y romper los diques corporativos de la estructura social real de nuestro país y de América Latina para que, como pueblos, salgamos de la adolescencia, asumamos la responsabilidad que da la madurez social y nos dejemos de estar jugando improvisadamente al Estado y al gobierno.

lunes, 10 de agosto de 2009

La batalla napoleónica por Sonora


Tanto en las guerras como en la política, hay que ser muy cautos en las estrategias, porque un error minúsculo puede significar una gran derrota, y si no me creen, indaguemos sobre la Batalla de Waterloo que hundió para siempre a Napoleón Bonaparte.

Bonaparte se reafirmaba políticamente en Francia y retomaba sus pretensiones imperialistas después de su exilio, lo que le dio un exceso de confianza; la batalla decisiva fue mal abordada por no tomar en consideración la eventualidad de un terreno flojo causado por la lluvia, lo que le resto poder de fuego a la artillería; el Mariscal Michel Ney se confundió con los movimientos de las tropas aliadas y ante la ausencia de Napoleón interpretó una retirada que nunca existió, por lo que expuso a sus hombres a una lluvia de balas que puso a la caballería y a la Guardia Imperial en una desordenada huída; pero lo más importante es que por más poderoso que fuera el ejército francés, no logró el objetivo de dividir al contingente aliado de Wellington y Blücher.

¡Que parecida suena esa batalla a los errores de estrategia del PRI en Sonora! Comparemos los escenarios para comprender el grave error que está cometiendo el priísmo en la impugnación de la elección que favoreció a Guillermo Padrés en la gubernatura.

EL PRI parte de un mal diagnóstico al creer que arrasó al PAN y al PRD y se reposiciona con fuerza a la presidencia de la República en el año 2012, y es que, si bien ahora sí aceitó su maquinaria electoral, la verdad es que el resultado fue bastante mediocre.

En efecto, no ganó el PRI, perdieron el PAN y el PRD porque en los números, el partido de la revolución no alcanzó la mayoría absoluta necesaria para dominar al Congreso y requerirá de un minipartido rémora que venderá muy cara su alianza con el tricolor, el PAN perdió sus bastiones por la imposición de candidatos desde Los Pinos y el CEN porque en el congreso no le fue tan mal como en otras ocasiones.

Así que el PRI viene demasiado confiado a solicitar la anulación del proceso electoral en Sonora.

Por otra parte, el terreno no está para meter artillería pesada, recordemos que el PAN no ganó en Sonora, ganó el voto de castigo al PRI por el negligente e indolente manejo de la tragedia de la Guardería ABC de Hermosillo.

Hacia principios de junio, con todo y los errores del Instituto Electoral en la colocación de spots de televisión, el PRI aventajaba las encuestas para la elección de Gobernador, pero después del 5 de junio y del pésimo manejo judicial primeramente, político y mediático seguidamente, precipitaron la derrota del tricolor el Sonora.

Así pues, pretender imponer en la mesa al PRI en Sonora podría significar un gravísimo error de estrategia política, cuando la ciudadanía repudia al priísmo en ese estado por sus omisiones y peor aún, podría tener un efecto multiplicador en el país que cambiaría la percepción ciudadana de la elección del 5 de julio por la de un “partido gandalla” como diría Germán Martínez.

Pero la parte más grave del error de estrategia del PRI es que con la impugnación, logró lo que ya parecía casi imposible, que el PAN se reagrupara y se uniera en torno a Guillermo Padrés, el proceso de selección interna del presidente de los panistas se ubicaría ahora en un foro interno y colocaría a sus militantes en la ruta de la unidad para sacar adelante la defensa de la gubernatura de Sonora.

Y es que tal pareciera que los intereses creados en torno al gobierno de Sonora durante los gobiernos de corte priísta, ponen al tricolor ante la disyuntiva de verse como un partido gandalla o quedar expuesto a escandalosos manejos políticos y complicidades criminales, de las que se viene hablando, por lo menos, en los últimos 10 años.

En una estrategia maquiavélica, el PAN podría dejar pasar el pleito en tribunales para sacrificar a Padrés y demostrar una vez más en las urnas, que los sonorenses ya no quieren al PRI por corrupto y, aunque el triunfo del PAN sea de rebote, esto le significaría el triunfo político que tanto necesita ahora para colocarse de nuevo en la contienda del 2012.

Así como los primeros gobiernos de lo que hoy es el PRI nacieron en Sonora, ¿El PAN podría sostenerse en Los Pinos en la batalla por Sonora?, ¿Sería Sonora el Waterloo del PRI?

lunes, 3 de agosto de 2009

La nueva cargada priísta


Si hay algo que en verdad pueda asustar a los padres es que un hijo se enferme y es aterrorizante cuando los médicos hacen un mal diagnóstico y, en consecuencia, un tratamiento equivocado que pone en riesgo la vida del descendiente.

Dicen los galenos de los tiempos pasados que la clínica lo es todo; una buena interpretación de los síntomas en una exploración física arrojará un diagnóstico preciso, porque si sólo recurrimos a la alta tecnología corremos el riesgo de obtener interpretaciones erróneas si los aparatos no están bien calibrados.

Así ha ocurrido en la sociedad mexicana que ha entrado en el juego psicológico de la elección del 5 de julio y se podría creer que el PRI volvió con poder avasallante en un proceso que en la realidad no lo es tanto, como se ha hecho ver en los pronunciamientos sin que hasta el momento se haya referido a las cifras oficiales.

Si bien es cierto que el PRI obtuvo un mayor número de posiciones en el pasado proceso electoral esto tiene dos causas fundamentales a saber; primeramente se trata de una elección intermedia en la que la baja participación de los ciudadanos fortalece al priísmo por ser el partido con más votos duros en el país; enseguida porque hay una verdadera decepción de la democracia porque entendimos mal la promesa y la interpretamos como camino de bienestar y no como medio para alcanzar las libertades ciudadanas, sin que ningún partido político se haya tomado la molestia de emprender una estrategia de comunicación para aclarar la confusión.

En vista de lo anterior resultaba lógico que el PAN y el PRD disminuyeran en las preferencias electorales, pero ello no significa que haya sido un desplome porque para el PAN, en las elecciones intermedias de 2003, obtuvo casi el mismo número de diputados que en el proceso del pasado 5 de julio, y veinte más que en la intermedia de 1997 en que el PAN se convirtió en tercera fuerza política; de hecho la legislatura saliente tuvo menos diputados que la del año 2000, de tal suerte que los números no son tan alarmantes; es más la elección arrojó que tanto el PRI como el PAN rondaron su votación dura.

Al PAN ya se le vaticinaba una pérdida del 40% de su representatividad nacional desde enero de 2009, por lo que su baja en las preferencias no es noticia, lo que hizo visible la caída electoral del PAN a los ojos de la nación no fue la elección federal, sino los resultados electorales en las gubernaturas que hicieron ver a un partido disminuido, sin liderazgo, dividido y entrampado en luchas de poder entre la militancia y la dirigencia.

En efecto, la participación de candidatos provenientes del centro, sin arraigo en la población de cada estado, perfiló la derrota del PAN en Colima, Nuevo León, San Luís Potosí y Querétaro; muy similar fue el apoyo del centro en la elección de Campeche; en Sonora tampoco ganó el PAN, fue derrotado el PRI por el voto de castigo como consecuencia de la indolencia del gobierno local por dar respuesta oportuna a las demandas de justicia por el incendio de la guardería ABC de Hermosillo y el rebote le favoreció a Guillermo Padrés, pero eso no significa que el PAN haya ganado el bastión histórico del PRI por una excelente campaña, sino por el perverso efecto de una tragedia.

Si fuera cierto el rumor de que las candidaturas a gobernador fueron impuestas desde Los Pinos, se comprenden entonces los motivos por los que Germán Martínez haya presentado su renuncia, por hacer fracasar los planes calderonistas de ganar los gobiernos sin perder al partido, y ahora se darán a la tarea de conservar los despojos del PAN para que no se los vaya a quedar alguien que no es de su grupo.

Lo cierto es que esa serie de actos de artificio dejan, en la opinión pública, la impresión de que el PAN se sabe derrotado por el PRI y si esa es la idea que se posiciona en el imaginario colectivo, la población se va a creer que en verdad el PRI ha vuelto por sus fueros y creará lo que en otros tiempos se llamaba “la cargada”

Por lo que toca al PRD, recordemos que desde marzo de 2008 se encuentra fragmentado y confrontado en una trágica historia que solamente afecta a la izquierda, en todas las variantes que pueda tener, porque se pasó de la impresión, a la certeza absoluta de ser un partido de rijosos a los que sólo les interesa el poder y los dineros que se pueden hacer desde él.

A diferencia del PRI y del PAN, el PRD sí experimentó una reducción de su votación dura de hasta el 20% y eso sí es una tragedia, porque el que un millón de los votantes fieles del perredismo no haya votado por su partido o haya preferido desperdiciar su voto, revela el grado de descomposición de la izquierda mexicana.

En efecto, la izquierda en México ya no es opción de gobierno, ni alternativa política, pero aún más grave resulta que ahora se presente a la nación como una secta política conservadora, antidemocrática, excluyente, reaccionaria y dogmática bajo un discurso que pregona exactamente lo contrario.

La caída del PRD tiene dos responsables directos; Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ortega, pero en ellos pesa más la soberbia que la humildad pues el interés de conservar los privilegios políticos de que gozan, por muy pequeños que sean, puede más que un verdadero proyecto democrático que favorezca a la sociedad y a quienes creen legítimamente que un proyecto de justicia social pueda reducir la desigualdad en nuestro país.

López Obrador tiene que entender que se ha terminado su carrera política y que salir a los reflectores tiende más a restar que a sumar, pero como tiene espíritu de dictador autoritario, lo único que se puede esperar es que la izquierda mexicana se siga destruyendo.

Como sea, siempre serán mejores las inconsistencias del panismo o las locuras del perredismo que volver al priato, y aquí sí la sociedad mexicana se podría traicionar a sí misma si cree que con la vuelta del PRI al poder, México alcanzará el tan anhelado progreso.

El problema está en los sutiles eslabones que unen la cadena política que perfila a Enrique Peña Nieto y al PRI a la presidencia en el 2012, porque es bien sabido que el operador del mexiquense se llama Carlos Salinas de Gortari, quien está reagrupando a lo peor del priísmo sucio para reposicionarse.

Pero la mala noticia es que los eslabones conectan a esa estrategia con personalidades de otros partidos que, en otras ocasiones, ya pactaron con el salinato o pertenecieron a él como Álvaro Arceo, Arturo Nuñez, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Genaro Borrego, Diodoro Carrasco, Luís Héctor Álvarez y el propio Felipe Calderón.

Derivado de este dato podría inferirse un panorama favorable al PRI en las elecciones de 2012 donde los principales actores políticos orbitan alrededor del salinismo y con un escenario en que el PAN está dividido y sin una figura prominente que pueda asumir la candidatura presidencial, y un PRD desgastado con candidatos sobreexpuestos y mal percibidos por la opinión pública.

El veneno del PRI es la votación masiva de electores y para 2012 habrá mayor participación electoral, pero si los votantes perciben que es inevitable el triunfo del PRI por el efecto psicológico de la elección de 2009, sumado a partidos débiles y a una clase política que apoyaría al delfín de Carlos Salinas, entonces México habría experimentado el retroceso social más grande de su historia.

Insistimos, el progreso de México no depende de sus gobernantes, sino de la acción civil de los ciudadanos y su activa participación en la vida pública; ya lo preguntó Pedro Ferriz en julio del año 2000; “México ya cambió, y usted ciudadano, ¿Ya cambio?” qué estamos esperando.

jueves, 4 de junio de 2009

El voto en blanco


Quizá nunca como antes en la historia electoral de México se haya dado un panorama tan sombrío como el que se augura para la elección del 5 de julio de 2009; crisis financiera, desempleo, inseguridad, emergencia epidemiológica y corrupción pública desbordada son los asuntos que dominan la esfera pública poniendo en un lejanísimo segundo plano al proceso electoral.

Podríamos decir que en una elección intermedia es, hasta cierto punto, normal el desinterés de la ciudadanía, primeramente porque no brillan las figuras de los candidatos presidenciales, en seguida porque no se tiene clara la función de los diputados y finalmente porque las cámaras, como institución, tienen los más bajos niveles de credibilidad y confianza; lo grave es que, para 2009, las empresas encuestadoras manejen estimados de participación electoral en los rangos del 20 al 35% del padrón de electores.

Si sólo dos o tres de cada diez electores acudirán a las urnas, ahí hay un mensaje clarísimo, los ciudadanos no quieren saber de la clase política por la simplísima razón de que no se sienten representados y no están dispuestos a seguir siendo comparsa de un montaje de muy mala calidad que a nadie convence.

Por lo tanto, la elección del 5 de julio de 2009 será eminentemente de votos duros, lo que significa una mayor presencia política del PRI en el Congreso y no porque ya sean buenos y se hayan reformado, sino porque simplemente tienen más votantes fieles que cualquier otro partido sin que tengan que mover un dedo; bajo esa lógica el PAN sería la segunda fuerza política nacional y en seguida el PRD, la elección ya está cantada.

Lo triste es que el PRI sigue siendo el mismo pillo que, sí, creó instituciones, pero para hacer parasitaria a la sociedad mexicana, y peor resulta cuando los demás partidos tampoco representan las aspiraciones legítimas de los ciudadanos y ni siquiera son capaces de articular un discurso político coherente con la realidad cotidiana, los políticos se han vuelto una oligarquía que se divorció de los ciudadanos y sólo recurre a ellos para regalarles espejitos a cambio de votos.

Pero qué se puede hacer cuando el ciudadano no se siente representado ni motivado a avalar alguna propuesta electoral, es justo en esa coyuntura que se han dado las argumentaciones más inverosímiles y estúpidas a la vez, que van desde el voto útil, que no es más que la cargada por el que parece que va a ganar, hasta la votación de candidatos no registrados y la anulación del voto. ¿Y las necesidades ciudadanas en el ámbito de competencia legal de las cámaras?

En sí, anular el voto es un mensaje ciudadano claro, pero insistimos en que sólo fortalece el esquema del voto duro y no hay, de momento, ninguna manera contundente de hacerle saber a la clase política que no estamos de acuerdo con la conducción que están haciendo del país, ni en los métodos para alcanzar lo que se supone sería para nuestro beneficio, la verdad es que los ciudadanos no somos consultados seriamente sobre la visión que tenemos de país y nos tenemos que contentar con observar a una partida de ignorantes soberbios que se abrogan el derecho de adivinar e interpretar lo que pensamos.

Sin embargo creo firmemente que los ciudadanos podemos empujar una de las reformas electorales más profundas y contundentes que podría tener el país, llevando a la arena electoral la capacidad social de disentir y de castigar a la clase política cuando se vuelve soberbia.

Me refiero al voto en blanco que, a diferencia del voto nulo, es la legal y concluyente manera de decirle a partidos y actores políticos que no estamos dispuestos a solapar su irresponsabilidad y que por lo tanto se les castigará donde más les duele, la pérdida de poder y dinero.

El voto en blanco debe ser una alternativa del elector para que su voto sea contabilizado y validado por la autoridad electoral con una premisa fundamental, la manifestación del ciudadano de que no quiere a nadie ocupando una curul desde la que, de por sí, no está representado.

Es decir, qué más da si la curul o el escaño se quedan vacíos, si de todas formas estando ocupados el ciudadano no tiene espacio de participación e interlocución para con el poder público.

La idea es que en el COFIPE se establezca la figura del voto en blanco, destinando un espacio en la boleta electoral con esa leyenda, junto a los logotipos y candidatos por cada partido político con registro y que esos votos en blanco sean contabilizados como válidos en la elección hasta el punto de que, si en un distrito o estado el voto en blanco obtuviera el mayor número de votos, la curul o el escaño queden vacíos durante todo el periodo constitucional.

Lo anterior será un mensaje definitivo a los políticos, o representan a los ciudadanos o en las urnas nos veremos las caras, con las consecuentes mermas al poder político y al dinero que los partidos y políticos tanto necesitan para seguir manipulando a las instituciones del Estado mexicano, desde luego que los distritos en blanco también deberán tomarse como consideración en la proporción de curules y escaños plurinominales.

Que si esta propuesta le quita poder a los partidos, no hay ninguna duda, pero precisamente eso es lo que hay que hacer para que los políticos pongan más atención a los ciudadanos y sepan traducir, sin ambigüedades o mentiras, las prioridades y aspiraciones legítimas de la población.

Otra opción será dejarnos de simulaciones y reformar los artículos 39, 40 y 41 de la constitución para sustituir al “pueblo” por los “partidos políticos”.

O usted qué opina querido lector, ¿Empujamos esa reforma ciudadana?

miércoles, 27 de mayo de 2009

La democracia frankensteniana


Si ponemos atención a la novela de Mary Shelley intitulada Frankenstein o el Moderno Prometeo, de 1818, se puede tener por lección que la falta de moral -científica en su caso- y el afán de rivalizar con Dios en poder, crea un monstruo horrendo que se hace objeto del rechazo y la incomprensión social que lo lleva al sufrimiento hasta que termina por aniquilar a su creador y autodestruirse.

También pareciera un libro profético sobre la democracia mexicana, porque así hicieron los legisladores con un sistema electoral que, en vez de electricidad, fue animado con odios y venganzas que se han ganado el rechazo social frente a la complacencia de una partidocracia degenerada que se frota las manos ante la renuncia del pueblo a la participación activa en la cosa pública.

Menudo favor le hacen los políticos a su sistema de democracia electoral que ahora premia la mentira, la ignorancia y la retórica demencial pero al mismo tiempo castiga la crítica y el debate ciudadano, confinando a la población a mero espectador de una obra de teatro de revista de mala factura y con actores chafas por la que se tiene que pagar un boleto muy costoso.

El monstruo que la clase política ha creado se ha ganado hasta el rechazo de sus creadores y además no es funcional para cualquier pueblo que se precie de ser democrático, porque ha pasado de ser un árbitro electoral a un servil cómplice de las conveniencias partidistas, que no es capaz de señalar las inconsistencias y falsedades de las propuestas de campaña de los partidos y candidatos, pero sí está disponible para señalar con dedo flamígero a la sociedad organizada que hace cuestionamientos sobre la pobreza intelectual y formal de las propuestas electorales.

Si analizamos los ofrecimientos de los diferentes partidos políticos podremos ver con tristeza que siguen pensando que el pueblo de México está constituido por párvulos estúpidos que no son maduros ni capaces de comprender una estratagema de acción legislativa y política.

Cierto es que la población permanece ignorante, y ha renunciado a enterarse, del importante papel de las cámaras en la vida pública del país, pero los partidos no han fomentado la cultura política e incluso apuestan a conservar el statu quo para que la población siga dejando en manos de los políticos la cosa pública y así satisfacer sus más oscuros intereses.

La apuesta panista engaña a los mexicanos porque les está ofertando seguridad pública como si se tratara de un simple programa gubernamental prescindible cuando en realidad se trata de una de las obligaciones fundamentales de todo Estado. Cierto es que el gobierno del Presidente Calderón ha emprendido una valiente lucha contra el hampa organizada pero ello no significa una graciosa concesión del poder público a los ciudadanos, es su obligación y para eso se le dio mandato.

Miente el PRI al querer adjudicarle al gobierno de la República la responsabilidad de la crisis financiera, económica y de empleo, cuando a todas vistas esa crisis vino de afuera y principalmente de un país con el que los propios priístas se empeñaron en establecer un acuerdo de libre comercio; por otra parte, el priísmo se asume como experimentado y conocedor del arte de gobernar y pareciera olvidar que cuando tuvieron la oportunidad de demostrarlo simplemente no lo hicieron o no supieron hacerlo.

En cuanto al PRD también miente y se pone en evidencia su profunda ignorancia de la teoría política más elemental y de la política pública al pretender ofrecer programas que son competencia del Ejecutivo en una elección del Legislativo; además, demuestran su falta de conocimiento del derecho creando leyes sobre programas sociales y olvidan que la ley es general, obligatoria, abstracta e impersonal, por lo que, hasta los ricos –que tanto dicen odiar- se verían beneficiados con programas de asistencia social.

Por lo que toca al Partido Verde, no está ofreciendo nada nuevo y por el contrario está proponiendo refritos de hace años sobre temas relacionados con la educación y la seguridad social; en efecto en 1999 Vicente Fox propuso la creación de un seguro universal que permitiera a los mexicanos la atención médica en instalaciones públicas o privadas con cargo a la institución que aseguraba, de ese intento solo el Seguro Popular sobrevivió a los intereses políticos; en cuanto a la educación, en 2004 Ricardo Salinas habló de la implementación del Bono Educativo, propuesta que recogieron algunos legisladores y que nunca tuvo eco en las cámaras por las presiones políticas de grupos de interés y la mafia del SNTE.

Además, cabe mencionar la total ignorancia de los verdes a los instrumentos de política exterior y los tratados internacionales al pretender reinstaurar la pena de muerte en México, medida que ha probado que no reduce la criminalidad, amén de que es una ironía que el partido que defiende la vida se pronuncie a favor de la muerte, lo que se requiere no son sanciones más severas, sino que se cumplan las que existen y el Verde no puede comprometerse a ello porque sería escupir para arriba al tener en la impunidad a su presidente nacional, recuerden el video de los millones de dólares.

El turno corresponde al matrimonio del PT y Convergencia que pretenden engañar al elector diciendo que se estaría mejor con López Obrador, como si el mesiánico lidercillo hubiera podido contener una crisis económica que venía de fuera, ya lo quisiera ver justificándose y culpando al PRIAN de crearle un complot económico al lado de las potencias para hacerle fracasar su proyecto alternativo. Resulta evidente que López Obrador tiende más a hacer perder que a capitalizar votos, pero lo que no comprenden sus partidos parásitos es que el tabasqueño está apostando a perderlo todo para tener aún argumentos de descalificación a las instituciones del Estado, hay que tener cuidado porque su apuesta es a la destrucción definitiva del IFE al acusarlo de la pérdida del registro de dos partidos.

El nombre Nueva Alianza no significa necesariamente que sea una mejor alianza, sino el reacomodo de políticos en torno al mismo interés caciquil en el SNTE, por lo que su propuesta de educación basado en becas es una promesa hueca que no responde a la necesidad de una educación de calidad que saque a los mexicanos del oscurantismo y los convierta en ciudadanos cultos y críticos que exijan a sus gobernantes un comportamiento a la altura de su pueblo. Su estrategia responde a mantener los privilegios sindicales de su líder y su posibilidad de hacer contrapeso político.

En cuanto a los socialdemócratas no se concibe que pretendan hacer de derecho lo que de hecho ya existe y que, al no haber prohibiciones, se permite tal como la diversidad sexual y la laicidad del Estado, y recalco Estado que no tiene que ver con la fe que profesen los gobernantes, o al menos yo no he visto que el nombre del país se haya convertido en el Sacrosanto y Católico Estado Mexicano; por lo que toca a la despenalización de drogas y aborto se tratan de asuntos del orden privado que de llevarse al ámbito público y sobre todo del derecho terminan por atentar precisamente contra el principio de la libre elección, además de que no podrían llevar a la generalidad postulados en los que amplios segmentos de la población no están de acuerdo precisamente por ignorarse las características de la ley, esas conductas no debieran ni permitirse ni prohibirse, simplemente debieran estar fuera de la legislación.

Como se puede apreciar, los partidos no salen bien librados al simple análisis de sus propuestas, por el contrario terminan con un saldo negativo porque ponen en evidencia sus miserias; o son perversos y pretenden engañar a la población a sabiendas de que no se consideran las propuestas y plataformas y las ponen por puro relleno confiados en que la compra del voto y la manipulación les darán el triunfo, o son intelectualmente tan pobres que no pueden construir propuestas medianamente cercanas a la realidad y sobre todo coherentes con la teoría del Estado y con el marco legal e institucional que nos hemos dado.

Queda entonces al descubierto que los partidos han excluido al pueblo de la cosa pública y sólo lo utilizan para legitimar sus acomodos; y para poner la cereza en el pastel, se han creado un adefesio electoral a modo para mantener a una oligarquía mediocre que se reparte el poder.

Lo cierto es que la población está más desinteresada que nunca en votar y el abstencionismo podría sacar de la competencia a los partidos; sólo es cosa de esperar que no sea que tengan el nefasto destino de Víctor Frankenstein y terminen aniquilados por el monstruo que crearon.