jueves, 21 de enero de 2010

Haití: Entre la desolación y la podredumbre humana


Cuando escribo estas líneas viene a mi mente el Adagio para cuerdas de Samuel Barber que fue calificada en 2004 como la obra musical más triste de todos los tiempos por la audiencia de la BBC y es que esos sonidos revelan profundamente el estado de desolación total y desesperanza, quizá provocada por una hecatombe o una inmensa desgracia.

Siempre ubiqué la imagen que me evoca esa obra en las ruinas de la Europa de 1945 totalmente devastada, arruinada hasta sus cimientos, calcinada, con sus hombres y mujeres deambulando por las calles sin esperanza ni mañana, tan sólo viviendo por vivir.

Pero a raíz del brutal cataclismo de Haití me he visto obligado a cambiar mis referentes sobre la imagen que me evoca esa obra y otro significado sobre la devastación total y la desesperanza absoluta. El desastre haitiano es el calamitoso efecto del estremecimiento de la tierra desde sus entrañas, pero su catástrofe humana es el ominoso resultado de la estulticia y el egoísmo de los hombres.

En efecto, el terremoto del 12 de enero de 2010 quizá haya sido una eventualidad providencial para poner frente a los ojos del mundo entero una crisis humanitaria que ya estaba presente desde hace muchos años y que ni los haitianos ni los “estadistas” y sus geniales ideas multinacionales pudieron o quisieron resolver.

Haití es la muestra histórica de la explotación irracional que desde el Saint Domingue de los Franceses, hasta nuestros días se hace patente. Los colonizadores franceses y su política esclavista y opresora detonaron una de las más tempranas y violentas luchas independentistas en el continente americano, pero esa lucha no hizo una nación mejor, el virus de la intolerancia y el egoísmo ya estaba inoculado en las mitocondrias sociales del naciente Haití que se vio reflejado en un país dividido entre la monarquía y la república coexistentes, continuas revueltas, deposiciones y golpes de Estado hasta que en 1914 fue invadido por los Estados Unidos bajo los mismos pretextos que ahora se enarbolan para ocuparlo de nuevo.

Haití es el país de la inestabilidad política provocada por el egoísmo humano, con tantos gobernantes como años tiene una década y con una espantosa falta de reconocimiento y de legitimidad de las autoridades. También es el país de la rapacidad, en donde la desordenada economía agrícola desertificó al territorio creando una crisis alimentaria y donde un minúsculo porcentaje de la población vive en la opulencia mientras una mayoría sufre los efectos de la miseria; desnutrición, analfabetismo, desempleo, enfermedades y violencia social.

No era necesaria la furia de la naturaleza para que los haitianos ejercieran la violencia por falta de víveres, es más, entre paisanos había crueles asesinatos en plena vía pública para luego incinerar los restos y practicar la antropofagia en medio de la indiferencia de una población que deambulaba por las calles sin nada que dejar y nada que esperar.

No hacía falta la desorganización local e internacional para que los haitianos recurrieran al consumo de la “pica” que es una galleta hecha de barro, manteca y sal que no nutre pero que palia el hambre y para colmo enferma y por si fuera poco todavía tiene valor comercial que, antes del terremoto, era aproximadamente del equivalente de 25 centavos cada una. Tampoco tenía que ocurrir este cataclismo para que las pandillas armadas salieran a despojar a las personas de lo elemental.

Pero si este panorama ya parecía desalentador aún hay más torpeza y estupidez humana, ya no se diga de los haitianos, sino de los “sensibles” líderes mundiales que vieron el problema de violencia e ingobernabilidad de esa nación caribeña y decidieron tomar parte activa para dejar las cosas tal y como ya estaban.

Así es, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití denominada por sus siglas MINUSTAH o mejor conocida por los haitianos como TURISTAH, se conformó mediante la resolución 1542 del Consejo de Seguridad de la ONU el 30 de abril de 2004 como una Operación de Mantenimiento de la Paz (OMP) y así superar los problemas derivados del golpe de Estado de 1991 y la crisis social de 2004 y que, a la vista de los saldos del terremoto, ha sido un rotundo fracaso y viene a confirmar lo que ya algunos investigadores de las OMP’s y críticos de la ONU, desprestigiados por cierto, afirmaban: “Las OMP’s son un instrumento de legitimación de los intereses imperialistas, con el aval del títere que es el Secretario General en turno de la Organización de las Naciones Unidas”

Se tiene bien documentado por especialistas de la Universidad de Bradford, Inglaterra, que la intervención de los cascos azules de la ONU en Haití vino a perturbar más las condiciones de vida que lo que se podría esperar de una fuerza de pacificación; se tiene información precisa de la colusión entre los líderes de las pandillas de la localidad de Cité du Soleil y los efectivos de la fuerza multinacional para ejercer impunemente la prostitución, el tráfico de drogas, armas y personas y las agresiones sexuales.

Bajo estas condiciones resulta imposible tener éxito en la verdadera estabilización de Haití, cierto es que bajo el mandato de la ONU en ese país disminuyó la violencia pero, a decir de los estudiosos del tema, esto obedece más a la protección de los intereses criminales que a un verdadero abatimiento de las condiciones de incertidumbre en aquella nación caribeña.

Dado lo anterior resulta que MINUSTAH es un categórico fiasco y la prueba patente es que si en verdad se había alcanzado un nivel de estabilización y de organización social que sólo esperaba un proceso de consolidación institucional, según del informe del Secretario General de Naciones Unidas en octubre de 2009, lo cierto es que tras la eventualidad quedó de manifiesto que nunca hubo un Estado con autoridad reconocida que tuviera, ya no se diga los recursos, al menos la capacidad suficiente de organizar y coordinar a los cuerpos de emergencia locales e internacionales que le dieran sentido de oportunidad a las tareas de rescate y reconstrucción.

Ante este panorama resulta, por lo menos ingenua, la pretensión de la Senadora Adriana González Carrillo de que México participara en la Misión de Estabilización en Haití que podría poner en entredicho la solvencia moral de las fuerzas armadas mexicanas precisamente cuando el ejército mexicano se encuentra en una lucha contra el tráfico de drogas.

Nuevamente, al igual que en 1915 y bajo el pretexto de la inestabilidad política y la inseguridad, Estados Unidos envía un gran contingente militar a Haití que ha mantenido control sobre las operaciones internacionales de rescate y salvamento, con la complacencia de la ONU que ha privilegiado la conservación de la autoridad por encima de ese impulso humano que dicta ir a salvar vidas a como dé lugar. La ONU dispuso el fin de la fase de rescate de víctimas a sabiendas de que aún hay sobrevivientes bajo los escombros porque tiene la urgencia de reconstruir Haití ante la presencia exigente de contratistas estadounidenses que ya se aprestan a hacer negocios a costa del sufrimiento de los haitianos.

Estados Unidos ya tuvo su oportunidad desde 1915 y hasta 1934 y simplemente no logró la estabilidad de Haití, lo volvieron a intentar desde 1991 y hasta el día de hoy con pésimos resultados, pero no ceja en su intento de controlar ese país. ¿No será que está tratando de poner un frente oriental sobre Cuba para rodearlo y en su oportunidad cerrar la pinza contra el régimen de los Castro? Como que suena más a geopolítica que a asistencia humanitaria.

Por lo visto los intereses, el egoísmo y el enanismo mental de los poderosos se ponen de manifiesto y se usa como pretexto la desgracia de un pueblo débil y pobre que más que supuestas ayudas estériles lo que necesita es una simple oportunidad de hallarse a sí mismo y encontrar su camino.

Por favor, queremos escuchar una música de esperanza.

viernes, 23 de octubre de 2009

¡Otra vez la burra al trigo!


Bien dice la frase de Marco Tulio Cicerón de hombres es equivocarse; de locos persistir en el error y es que esos y otros calificativos más duros se merecen los diputados de la flamante LXI legislatura porque literalmente están viendo el temblor y no se hincan.

Hace falta estar loco para pretender incrementar los impuestos en un entorno recesivo, hace falta ser estúpido para subir arbitrariamente la estimación del precio del barril de petróleo para el año 2010 a sabiendas de que ya no hay y no puede seguir siendo la fuente de financiamiento público, hace falta ser retrasado mental para aumentar el déficit cuando ya se tienen muchos compromisos nacionales e internacionales.

En fin que hace falta ser una runfla de imbéciles pusilánimes para no querer entender que el financiamiento para el desarrollo debe descansar en las contribuciones de todos los mexicanos y no en aumentar la carga al 40% que sostiene al país con sus impuestos pero, ah como se le tiene pavor a tocar siquiera con el pétalo de una rosa a los pobres, como si fueran reliquia sagrada.

Y es que los tan llevados y traídos pobres se han convertido en el lastre que impide a México levantar el vuelo, no por su estado de precariedad ni por su condición de desigualdad, sino porque a la clase política le conviene que existan pobres para justificar su discurso populista y mediocre.

¡Malditos pobres, urge exterminarlos!, no como frase de reivindicación clasista, sino como una exigencia a toda la sociedad mexicana para desterrar la indignante pobreza que sí se puede pero que no se quiere o no conviene combatir; ya estuvo bueno de que les demos limosnas en la calle o a través de programas gubernamentales asistencialistas que sólo los mantienen vivos pero no los sacan de pobres.

Se recita hasta el cansancio que cobrarle IVA a los pobres es un atentado a su economía, pero esa es retórica barata que pretende acarrear el aplauso fácil y los votos de los ignorantes, la verdad es que si no hacemos responsables al 60% de los mexicanos que no pagan impuestos estaremos fundando una nación de irresponsables que no tienen ningún aprecio por su país pero que esperan que su gobierno los mantenga. Que decadente panorama.

Siendo México una de las primeras quince economías del mundo, no se puede entender que la riqueza esté tan mal distribuida y sea uno de los países más desiguales del orbe, pero todo ello por ese afán de preservar los cotos de poder de unos cuantos malandrines que se enriquecen a costa de la pobreza de la gente. Parafraseando a Álvaro Vargas Llosa: la transferencia de la riqueza de los pobres a los ricos.

Desde mi muy particular opinión y en un ejercicio si se quiere reduccionista y simplón, con que tan sólo el gobierno cobrara un único impuesto por toda actividad económica y al consumo del 13%, se podría recaudar un porcentaje tan alto del PIB nacional que alcanzaría perfectamente para tapar el “boquete presupuestal”, todo el gasto corriente y sobraría una buena cantidad de recursos para financiar el desarrollo.

Lo anterior quizá suene muy poco ortodoxo y hasta exagerado pero esas y otras más ácidas acusaciones recibió, por parte de muchos economistas, el Premier Estonio Mart Laar, quien en 1994 introdujo el modelo fiscal denominado Flat Tax y en tan sólo diez años cambió las cifras de una inflación del 1000% a una del 2.5%; y una tasa de crecimiento del PIB de -30% a 7% anual.

Recudir los impuestos sí es popular pero además estimula la recaudación y la inversión, se amplia la base tributaria y al cerrar el paso a las exenciones exorciza la evasión y los cambios de régimen fiscal y al tener una tasa tan baja se fomenta la contratación hasta de mano de obra no calificada.

Estas medidas sí son de combate efectivo a la pobreza y detonan el crecimiento económico del país pero, ¿Qué pasaría si se acaba la pobreza en México?:

* Se le acabarían los pretextos al poder público para justificar programas ineficientes y en consecuencia se vería obligado a reducir considerablemente el tamaño del gobierno con lo que se acabarían los incentivos que un candidato presidencial podría ofrecer a cambio de apoyos políticos y votos.

* Los políticos se quedarían sin ideas engañabobos para mantener cautivos los votos de los pobres.

* Todo el aparato gubernamental se tendría que poner a trabajar de verdad en vez de hacerse tontos con presuntas teorías e ideologías maniqueas para hacer creer a la población que son indispensables para el futuro de la patria.

* Se acabarían los parásitos de la vida pública.

Pero precisamente por todos los perjuicios que acarrea a la clase política una reforma hacendaria profunda y con la mira puesta en el crecimiento de México y de los mexicanos es que no se hace lo correcto.

Aquí es donde los mexicanos tenemos la culpa, porque no nos hacemos responsables de los errores que cometemos como ciudadanos al elegir malos representantes y por lo obtusos que somos para seguirnos tragando el anzuelo discursivo de las limosnas oficiales a los pobres. No olvidemos que no se trata de atender a la pobreza, sino de crear riqueza para todos.

Los políticos en México ya son manzanas podridas y seguirán apostando siempre por los remiendos a un traje sucio y maltrecho para no perder el poco poder que tienen enfundados en él, siempre poniendo de pretexto el falso discurso de los pobres sin darse cuenta que a este país le quedan menos de diez años de vida si lo llevan por esa ruta.

Lo más grave es que ya se hayan dado cuenta y prefieran enriquecerse a costa de nosotros unos cuantos años más para que, justamente a un instante de que se incendie el país, huyan a otra parte con todo lo que le pudieron sangrar a la patria, aunque después nuestro México se ahogue en su inmundicia y termine desangrándose para ser la Ruanda, el Congo o la Angola del continente americano.

¿Nos lo merecemos?

viernes, 21 de agosto de 2009

Palabra de honor


Este día hay un cumpleaños y aunque no hay nada que celebrar si deberíamos apagar todas las velitas y las veladoras que millones de mexicanos encienden todos los días para invocar a quien más confianza se le tiene en el mundo espiritual, que nuestros familiares vayan y vuelvan con bien a nuestras casas.

Así es, hoy hace justamente un año se firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad en el que los gobiernos estatales, el del Distrito Federal y el gobierno federal suscribieron una serie de compromisos para atenderse de inmediato y hasta en un plazo de dos años sin que se hasta ahora se tengan resultados satisfactorios.

Y es que como dice Alejandro Martí, hace falta voluntad política para cumplir, y añadiría que no sólo con los compromisos en materia de seguridad, sino en todos los compromisos públicos que hace la autoridad en cualquiera de sus niveles y órdenes.

Volviendo al tema de la inseguridad, no nos hagamos tontos, meter la mano hasta el fondo de la cloaca tiene costos políticos tan altos que nadie tiene los pantalones para poner en riesgo su futuro político y su integridad física a favor del país.

Todo comienza con la “inocente” permisividad a faltas que parecen insignificantes pero sin las cuales, nuestro sistema de incentivos perversos no funciona. Menos en elecciones.

En efecto, cuando al ciudadano común se le permite estacionarse en lugares prohibidos, tirar basura, instalarse en la calle a vender piratería y contrabando, entonces se desvirtúa el pacto social y nadie le teme a la autoridad. Es aún más grave cuando la autoridad se disloca y en vez de sancionar se presta a la corrupción.

Y es que si nos asomamos a las faltas inocentes, nos daremos cuenta de que el comercio informal se alimenta de todo tipo de ilegalidades que van desde la competencia desleal hasta delitos graves sin que haya absolutamente nadie que ponga orden y que tenga la calidad moral para señalar el vicio.

Y es que nosotros los ciudadanos también nos hemos hecho cómplices de la delincuencia organizada; cuántos de nosotros hemos comprado alguna vez algún artículo pirata o fayuca bajo el estúpido pretexto de que “es más barato” sin tomar en consideración que cerramos el círculo de delitos como el robo y el contrabando.

Y es que somos un país de comodones que no estamos dispuestos a cargar con las consecuencias de nuestros actos, si no nos alcanza para comprar algo, simplemente no lo compramos, ah pero preferimos sacarle la vuelta aunque sea violando las leyes.

Con esas actitudes, la inmensa mayoría de los mexicanos debería estar en la cárcel.

Si el pueblo tiene alicientes para alimentar la delincuencia, imaginemos la dimensión de los incentivos que tiene la autoridad cuando tiene a una población que no se subleva porque se toleran prácticas ciudadanas al margen de la ley que son la base de toda la estructura delincuencial en nuestro país.

Ante esa doble moral, no nos queda de otra que moralizar a la sociedad porque no podemos dar el paso hacia la cultura de la legalidad si antes no comprendemos que tenemos que respetarnos y hacernos respetar para recuperar la congruencia y la cordura.

Y si esa es una obligación de todos, se exige desde luego que la autoridad deje señales contundentes de un cambio en su ética, porque las pueriles justificaciones de los últimos días sobre los resultados insatisfactorios en materia de seguridad, ponen en evidencia que tenemos políticos y gobernantes mediocres, de una bajísima escala moral y que no tienen aprecio siquiera por sí mismos. Dicho de otra manera no son honorables porque no tienen palabra de honor. En Japón ya se deberían practicar el harakiri.

El problema ya no está tanto en los indicadores, sino en que hace un año se les dijo claramente “Si no pueden, ¡renuncien!”Y pareciera que hubo oídos sordos y es peor por la impresión que dejan a los ciudadanos, porque si el gobernante o el funcionario pueden mentir impunemente y no cumplir sus compromisos sin castigo alguno, es tan grave como el asesino o el narcotraficante. Así nunca vamos a poder combatir la delincuencia.

Con justeza hay que decir que solamente Marcelo Ebrard le tomó la Palabra a Alejandro Martí y se comprometió, no en un año, sino en cien días a que daría resultados y no cumplió, pero vemos con tristeza que allí sigue despachando en el Ayuntamiento con todo el cinismo y la impunidad propios de los delincuentes organizados; por supuesto que se va a hacer el loco y no va a renunciar porque la Presidencia de la República bien vale mentir, incumplir, hacerse tonto y hasta delinquir.

Él y otros tantos más no pudieron, ¡Que renuncien! ¿O acaso no tienen Palabra de Honor?

jueves, 13 de agosto de 2009

Fervor mexicanero

En más de una ocasión en este blog se cuestionó la posibilidad de incluir al fútbol como tema de la agenda pública que, aunque sí lo es y si tiene impacto en la psicología social, tampoco es determinante para los asuntos de Estado, sin embargo, tarde que temprano tendría que suceder y helo aquí.

Indiscutiblemente la Selección Mexicana de Fútbol demostró carácter en el terreno de juego y no sólo derrotó a su similar estadounidense en la pizarra, sino que tuvo mayor posesión del balón y mostró una fortaleza física y moral que pocas veces se recuerda.

Pero no se fíe, querido lector, porque es el juego del 12 de agosto en el Estadio Azteca, el pretexto ideal para señalar una aberración social que sólo se pone de manifiesto con los triunfos de la representación mexicana en un deporte tan popular como el fútbol.

Sí, la selección ganó contundentemente y nadie lo cuestiona, también es causa más que justificada para celebrar y poner en lo más alto el orgullo patrio en un tiempo en que la falta de referentes emblemáticos que nos den una inspiración es la constante, y sobre todo en un entorno de crisis en que parece que México es objeto de las siete plagas. Esta victoria es un verdadero respiro al ánimo nacional.

Pero en el festejo está el pecado del mexicano, porque pone de manifiesto su total falta de compromiso con el país, no solo al reproducir la frase de que “ante la victoria nosotros ganamos y ante la derrota ellos (la selección) perdieron”, sino porque exaltamos una serie de valores “patrios” que poco o nada tiene que ver con el patriotismo.

¡Viva México cabrones! Es la consigna que se grita en la Glorieta del Ángel de la Independencia, y en otras plazas importantes del país, en medio de carreras, sonrisas y cervezas, y entonces me pregunto quiénes diablos son los cabrones; según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el cabrón es un hombre experimentado y astuto que juega malas pasadas, que es molesto, infiel y traficante; pero también es la persona que aguanta cobardemente los agravios de que es objeto. Entonces a quiénes les decimos cabrones.

En el caso de la coyuntura se trataría de los “gringos” y después al resto del mundo, quizá por los agravios de que hemos sido objeto como país, en su época por españoles, ingleses, holandeses, franceses y estadounidenses; y en el mundo moderno por todo lo que significa un desarrollo que es ajeno al nuestro.

Sin embargo, lo más probable es que el mexicanito que lanza esa proclama a los cuatro vientos se trate de un “cabrón” abusivo que no respeta las leyes porque le parecen injustas, no paga impuestos, compra artículos pirata, tira basura en la calle, da mordidas, si tiene auto se pasa los altos y se estaciona en sitios reservados a personas con discapacidad, y quizá hasta haya votado por el PRI porque lo considera un ladrón que “salpica al pueblo”.

Si eso es lo que consideramos patriotismo entonces ni nos viene quejarnos de las amarguras de la patria; no tenemos calidad moral para pedirle al poder público que combata a la delincuencia organizada si somos sus principales clientes, cómo diablos le exigimos honestidad a los gobernantes y políticos si nosotros somos igual de corruptos y siempre tratamos de sacarle ventaja al prójimo –generalmente con astucias mañosas-, cómo nos atrevemos a reclamar obras y servicios de calidad si sólo una minoría sostiene con sus impuestos a una mayoría parasitaria, cómo peleamos nuestros derechos si no somos capaces de cumplir con nuestras obligaciones como mexicanos.

Si los mexicanos fuéramos ciudadanos responsables, no tendríamos que andar temiendo que una turba emocionada por el triunfo de la selección pudiera violar a la Diana Cazadora, sino que cuidaríamos que lo que ya pagamos con los impuestos no fuera dañado en nuestro frenesí futbolero.

El verdadero patriota mexicano cumple con sus obligaciones ciudadanas y tiene toda la dignidad para reclamar su derecho sin que tenga nada que lo haga agachar la cabeza, eso sí es ser mexicano.

Si visualizamos la ciudadanía mexicana, como la membresía a un club exclusivo, comprenderemos que para conservarla tenemos que cumplir con las reglas que se establecen, de otra manera quedamos excluidos, de tal suerte que podamos entender que el mexicanito patriotero que grita desordenadamente y que no cumple con sus leyes y normas, no debería ser llamado mexicano.

Ganemos ese espacio para que seamos un pueblo capaz de exigir a su gobierno honestidad y tengamos el talante para obligar al espacio público a construir, junto con nosotros, el país que queremos.

¡Que viva México! Para los mexicanos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Ya no nos doren más la píldora


Desde el 11 y hasta el 13 de agosto se discuten, tanto en el Senado de la República como en el Gobierno del Distrito Federal, audiencias públicas para evaluar la crisis económica y proponer soluciones, así como mesas redondas sobre el agotamiento del modelo de desarrollo, respectivamente.

Sin pretender asumirnos como profetas o futurólogos, sí podemos sacar una conclusión anticipada del resultado de ambos ejercicios: dinero gastado en la organización y logística de eventos que no producirán absolutamente nada; diría Carlos Monsiváis: “Como en las telenovelas, pasa de todo para que al final no pase nada”

Y es que partimos de un lastre fundamental que no deja que la economía despegue: la mal entendida política social que crea clientela; si parafraseamos a Lionel Robbins y entendemos a la economía como administración de la escasez tendríamos que pensar, en una construcción ideal del ejercicio de análisis, que se propondría llevar a cabo un programa de reorientación del ejercicio del gasto a áreas verdaderamente prioritarias como la infraestructura, seguridad pública eficiente, desarrollo industrial y subsidios a la educación y la investigación científica y tecnológica; pero no, seguimos pensando en poner a salvo el asistencialismo.

Desde luego que sí es importante ayudar a los pobres, pero dándoles limosnas nunca los sacaremos de limosneros, hay que generar otras alternativas de desarrollo y atreverse a cambiar al país sin andar pensando tanto en los costos políticos, porque con ellos como ancla, nunca podremos superar los rezagos del país.

Si profundizamos en los alcances de lo que se consideran las políticas prioritarias del gobierno mexicano caeremos en la cuenta de que estamos ante una disyuntiva que, irremediablemente, nos conduce a un mal camino porque, o se trata de una estrategia que no asegura el despegue productivo de los segmentos de la población en desigualdad, o simplemente es un plan perverso para mantener un coto de poder basado en la necesidad de la gente, como diría Álvaro Vargas Llosa, en la transferencia de la riqueza desde los pobres a los ricos.

En efecto, las políticas asistenciales en México tienden a organizarse en torno a los indicadores del Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sin tomar en consideración las peculiaridades socioculturales de las comunidades y las personas, por lo que las implementan bajo los criterios de PIB per cápita, educación y mortalidad, mismos que se pretenden paliar con una suerte de “becas” para quitarse de encima la responsabilidad de ampliar la cobertura y calidad de los servicios sociales existentes generando una dependencia total de los recursos de los programas, sin implementar modelos de responsabilidad social y desarrollo.

Lo anterior se pervierte con el intercambio de favores que crean la clientela política y dejan un esquema de apoyos a núcleos sociales a cambio de apoyo político-electoral, todo al margen de la ley. Ello, aunado a la política de subsidios generalizados que terminan beneficiando más a los segmentos sociales de mayores ingresos, configura un escenario en que los contribuyentes cautivos y los consumidores –de todo nivel social- financien la política asistencial, de la cual, las clases pudientes, también resultan favorecidas –los pobres hacen más ricos a los ricos- sin que se tengan resultados concretos.

Todo este enredo podría solucionarse con la eliminación de la política asistencialista, pero a la clase política le es más rentable mantener con limosnas a votantes cautivos que esperan la “generosa” dádiva del gobierno en turno, que a hacer progresar a una sociedad que después se volvería más crítica y exigente, y que podría cometer la “imperdonable ingratitud” de no votar por ellos, sólo porque cometieron el “inocuo pecadillo” de no ser eficientes.

En un contexto de crisis se tienen que tomar medidas valientes y de gran calado que tienen un costo político, pero que en el mediano plazo pueden enderezar el barco.

El problema es que, como carecemos de estadistas en México y los que hay tienen cerrada la puerta para el ejercicio del poder público, siempre estamos supeditados a la buena de los gobernantes y si estos miden que las dolorosas medidas que se deben tomar para superar los rezagos tienden a restar votos, simplemente dejarán las cosas tal y como están.

Lograr mayor equidad en la distribución de la riqueza implica también una redistribución de las responsabilidades fiscales de todos los mexicanos, porque ha quedado fehacientemente demostrado que la política de exenciones y apoyos hacendarios termina favoreciendo a los mexicanos de mayores ingresos en lugar de aquéllos que verdaderamente lo necesitan.

Hacer que todos los mexicanos, sin excepción, paguen impuestos no es una herejía, antes bien es una obligación del ciudadano para con el Estado por lo que se hace impostergable cerrar la puerta de los privilegios y las exenciones para que el gobierno cuente con los recursos suficientes para financiar el desarrollo y destinar partidas específicas a los mexicanos que en realidad lo necesitan.

En ese sentido hay que comprender que el ejercicio del gasto público para financiar paliativos no estimula la productividad social, por el contrario, incrementa la dependencia y la cultura del mínimo esfuerzo, lo que deja la responsabilidad productiva en una minoría que no se beneficia de los apoyos gubernamentales, por lo que también se hace urgente que la política asistencial venga acompañada de la responsabilidad social del beneficiario, si se le ayuda que también sea solidario; de nada sirve regalar el dinero de los contribuyentes para que no pase nada, se tiene que obligar a los beneficiarios a dar resultados concretos por cada apoyo recibido, sea en productividad, eficiencia, creatividad, rendimiento académico, etcétera, de otra manera estaremos tirando el dinero público a un pozo sin fondo.

La verdadera inversión pública para el desarrollo está en la generación de fuentes de trabajo y no de empleo, en la infraestructura estratégica del país, y en una educación de calidad que cambie la mentalidad de los mexicanos desde la visión del empleado a la del emprendedor, y desde la postura del súbdito a la del ciudadano activo.

Y es que en nuestra América Latina se ha confundido al gobierno con el Estado y después, en su función, porque se tiene la errónea impresión de que el gobierno debe ayudar a la población cuando en realidad su verdadera función es la de administrar los recursos nacionales para asegurar la autoprotección social.

Tenemos que salir de nuestra percepción medieval de la sociedad y romper los diques corporativos de la estructura social real de nuestro país y de América Latina para que, como pueblos, salgamos de la adolescencia, asumamos la responsabilidad que da la madurez social y nos dejemos de estar jugando improvisadamente al Estado y al gobierno.

lunes, 10 de agosto de 2009

La batalla napoleónica por Sonora


Tanto en las guerras como en la política, hay que ser muy cautos en las estrategias, porque un error minúsculo puede significar una gran derrota, y si no me creen, indaguemos sobre la Batalla de Waterloo que hundió para siempre a Napoleón Bonaparte.

Bonaparte se reafirmaba políticamente en Francia y retomaba sus pretensiones imperialistas después de su exilio, lo que le dio un exceso de confianza; la batalla decisiva fue mal abordada por no tomar en consideración la eventualidad de un terreno flojo causado por la lluvia, lo que le resto poder de fuego a la artillería; el Mariscal Michel Ney se confundió con los movimientos de las tropas aliadas y ante la ausencia de Napoleón interpretó una retirada que nunca existió, por lo que expuso a sus hombres a una lluvia de balas que puso a la caballería y a la Guardia Imperial en una desordenada huída; pero lo más importante es que por más poderoso que fuera el ejército francés, no logró el objetivo de dividir al contingente aliado de Wellington y Blücher.

¡Que parecida suena esa batalla a los errores de estrategia del PRI en Sonora! Comparemos los escenarios para comprender el grave error que está cometiendo el priísmo en la impugnación de la elección que favoreció a Guillermo Padrés en la gubernatura.

EL PRI parte de un mal diagnóstico al creer que arrasó al PAN y al PRD y se reposiciona con fuerza a la presidencia de la República en el año 2012, y es que, si bien ahora sí aceitó su maquinaria electoral, la verdad es que el resultado fue bastante mediocre.

En efecto, no ganó el PRI, perdieron el PAN y el PRD porque en los números, el partido de la revolución no alcanzó la mayoría absoluta necesaria para dominar al Congreso y requerirá de un minipartido rémora que venderá muy cara su alianza con el tricolor, el PAN perdió sus bastiones por la imposición de candidatos desde Los Pinos y el CEN porque en el congreso no le fue tan mal como en otras ocasiones.

Así que el PRI viene demasiado confiado a solicitar la anulación del proceso electoral en Sonora.

Por otra parte, el terreno no está para meter artillería pesada, recordemos que el PAN no ganó en Sonora, ganó el voto de castigo al PRI por el negligente e indolente manejo de la tragedia de la Guardería ABC de Hermosillo.

Hacia principios de junio, con todo y los errores del Instituto Electoral en la colocación de spots de televisión, el PRI aventajaba las encuestas para la elección de Gobernador, pero después del 5 de junio y del pésimo manejo judicial primeramente, político y mediático seguidamente, precipitaron la derrota del tricolor el Sonora.

Así pues, pretender imponer en la mesa al PRI en Sonora podría significar un gravísimo error de estrategia política, cuando la ciudadanía repudia al priísmo en ese estado por sus omisiones y peor aún, podría tener un efecto multiplicador en el país que cambiaría la percepción ciudadana de la elección del 5 de julio por la de un “partido gandalla” como diría Germán Martínez.

Pero la parte más grave del error de estrategia del PRI es que con la impugnación, logró lo que ya parecía casi imposible, que el PAN se reagrupara y se uniera en torno a Guillermo Padrés, el proceso de selección interna del presidente de los panistas se ubicaría ahora en un foro interno y colocaría a sus militantes en la ruta de la unidad para sacar adelante la defensa de la gubernatura de Sonora.

Y es que tal pareciera que los intereses creados en torno al gobierno de Sonora durante los gobiernos de corte priísta, ponen al tricolor ante la disyuntiva de verse como un partido gandalla o quedar expuesto a escandalosos manejos políticos y complicidades criminales, de las que se viene hablando, por lo menos, en los últimos 10 años.

En una estrategia maquiavélica, el PAN podría dejar pasar el pleito en tribunales para sacrificar a Padrés y demostrar una vez más en las urnas, que los sonorenses ya no quieren al PRI por corrupto y, aunque el triunfo del PAN sea de rebote, esto le significaría el triunfo político que tanto necesita ahora para colocarse de nuevo en la contienda del 2012.

Así como los primeros gobiernos de lo que hoy es el PRI nacieron en Sonora, ¿El PAN podría sostenerse en Los Pinos en la batalla por Sonora?, ¿Sería Sonora el Waterloo del PRI?

lunes, 3 de agosto de 2009

La nueva cargada priísta


Si hay algo que en verdad pueda asustar a los padres es que un hijo se enferme y es aterrorizante cuando los médicos hacen un mal diagnóstico y, en consecuencia, un tratamiento equivocado que pone en riesgo la vida del descendiente.

Dicen los galenos de los tiempos pasados que la clínica lo es todo; una buena interpretación de los síntomas en una exploración física arrojará un diagnóstico preciso, porque si sólo recurrimos a la alta tecnología corremos el riesgo de obtener interpretaciones erróneas si los aparatos no están bien calibrados.

Así ha ocurrido en la sociedad mexicana que ha entrado en el juego psicológico de la elección del 5 de julio y se podría creer que el PRI volvió con poder avasallante en un proceso que en la realidad no lo es tanto, como se ha hecho ver en los pronunciamientos sin que hasta el momento se haya referido a las cifras oficiales.

Si bien es cierto que el PRI obtuvo un mayor número de posiciones en el pasado proceso electoral esto tiene dos causas fundamentales a saber; primeramente se trata de una elección intermedia en la que la baja participación de los ciudadanos fortalece al priísmo por ser el partido con más votos duros en el país; enseguida porque hay una verdadera decepción de la democracia porque entendimos mal la promesa y la interpretamos como camino de bienestar y no como medio para alcanzar las libertades ciudadanas, sin que ningún partido político se haya tomado la molestia de emprender una estrategia de comunicación para aclarar la confusión.

En vista de lo anterior resultaba lógico que el PAN y el PRD disminuyeran en las preferencias electorales, pero ello no significa que haya sido un desplome porque para el PAN, en las elecciones intermedias de 2003, obtuvo casi el mismo número de diputados que en el proceso del pasado 5 de julio, y veinte más que en la intermedia de 1997 en que el PAN se convirtió en tercera fuerza política; de hecho la legislatura saliente tuvo menos diputados que la del año 2000, de tal suerte que los números no son tan alarmantes; es más la elección arrojó que tanto el PRI como el PAN rondaron su votación dura.

Al PAN ya se le vaticinaba una pérdida del 40% de su representatividad nacional desde enero de 2009, por lo que su baja en las preferencias no es noticia, lo que hizo visible la caída electoral del PAN a los ojos de la nación no fue la elección federal, sino los resultados electorales en las gubernaturas que hicieron ver a un partido disminuido, sin liderazgo, dividido y entrampado en luchas de poder entre la militancia y la dirigencia.

En efecto, la participación de candidatos provenientes del centro, sin arraigo en la población de cada estado, perfiló la derrota del PAN en Colima, Nuevo León, San Luís Potosí y Querétaro; muy similar fue el apoyo del centro en la elección de Campeche; en Sonora tampoco ganó el PAN, fue derrotado el PRI por el voto de castigo como consecuencia de la indolencia del gobierno local por dar respuesta oportuna a las demandas de justicia por el incendio de la guardería ABC de Hermosillo y el rebote le favoreció a Guillermo Padrés, pero eso no significa que el PAN haya ganado el bastión histórico del PRI por una excelente campaña, sino por el perverso efecto de una tragedia.

Si fuera cierto el rumor de que las candidaturas a gobernador fueron impuestas desde Los Pinos, se comprenden entonces los motivos por los que Germán Martínez haya presentado su renuncia, por hacer fracasar los planes calderonistas de ganar los gobiernos sin perder al partido, y ahora se darán a la tarea de conservar los despojos del PAN para que no se los vaya a quedar alguien que no es de su grupo.

Lo cierto es que esa serie de actos de artificio dejan, en la opinión pública, la impresión de que el PAN se sabe derrotado por el PRI y si esa es la idea que se posiciona en el imaginario colectivo, la población se va a creer que en verdad el PRI ha vuelto por sus fueros y creará lo que en otros tiempos se llamaba “la cargada”

Por lo que toca al PRD, recordemos que desde marzo de 2008 se encuentra fragmentado y confrontado en una trágica historia que solamente afecta a la izquierda, en todas las variantes que pueda tener, porque se pasó de la impresión, a la certeza absoluta de ser un partido de rijosos a los que sólo les interesa el poder y los dineros que se pueden hacer desde él.

A diferencia del PRI y del PAN, el PRD sí experimentó una reducción de su votación dura de hasta el 20% y eso sí es una tragedia, porque el que un millón de los votantes fieles del perredismo no haya votado por su partido o haya preferido desperdiciar su voto, revela el grado de descomposición de la izquierda mexicana.

En efecto, la izquierda en México ya no es opción de gobierno, ni alternativa política, pero aún más grave resulta que ahora se presente a la nación como una secta política conservadora, antidemocrática, excluyente, reaccionaria y dogmática bajo un discurso que pregona exactamente lo contrario.

La caída del PRD tiene dos responsables directos; Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ortega, pero en ellos pesa más la soberbia que la humildad pues el interés de conservar los privilegios políticos de que gozan, por muy pequeños que sean, puede más que un verdadero proyecto democrático que favorezca a la sociedad y a quienes creen legítimamente que un proyecto de justicia social pueda reducir la desigualdad en nuestro país.

López Obrador tiene que entender que se ha terminado su carrera política y que salir a los reflectores tiende más a restar que a sumar, pero como tiene espíritu de dictador autoritario, lo único que se puede esperar es que la izquierda mexicana se siga destruyendo.

Como sea, siempre serán mejores las inconsistencias del panismo o las locuras del perredismo que volver al priato, y aquí sí la sociedad mexicana se podría traicionar a sí misma si cree que con la vuelta del PRI al poder, México alcanzará el tan anhelado progreso.

El problema está en los sutiles eslabones que unen la cadena política que perfila a Enrique Peña Nieto y al PRI a la presidencia en el 2012, porque es bien sabido que el operador del mexiquense se llama Carlos Salinas de Gortari, quien está reagrupando a lo peor del priísmo sucio para reposicionarse.

Pero la mala noticia es que los eslabones conectan a esa estrategia con personalidades de otros partidos que, en otras ocasiones, ya pactaron con el salinato o pertenecieron a él como Álvaro Arceo, Arturo Nuñez, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Genaro Borrego, Diodoro Carrasco, Luís Héctor Álvarez y el propio Felipe Calderón.

Derivado de este dato podría inferirse un panorama favorable al PRI en las elecciones de 2012 donde los principales actores políticos orbitan alrededor del salinismo y con un escenario en que el PAN está dividido y sin una figura prominente que pueda asumir la candidatura presidencial, y un PRD desgastado con candidatos sobreexpuestos y mal percibidos por la opinión pública.

El veneno del PRI es la votación masiva de electores y para 2012 habrá mayor participación electoral, pero si los votantes perciben que es inevitable el triunfo del PRI por el efecto psicológico de la elección de 2009, sumado a partidos débiles y a una clase política que apoyaría al delfín de Carlos Salinas, entonces México habría experimentado el retroceso social más grande de su historia.

Insistimos, el progreso de México no depende de sus gobernantes, sino de la acción civil de los ciudadanos y su activa participación en la vida pública; ya lo preguntó Pedro Ferriz en julio del año 2000; “México ya cambió, y usted ciudadano, ¿Ya cambio?” qué estamos esperando.