jueves, 15 de abril de 2010

Estado de guerra


El 11 de diciembre de 2006 el Presidente Calderón, más como un anuncio político con un pretendido efecto mediático que como acto formal, hizo una “declaración de guerra” a los capos del narcotráfico y dispuso de las fuerzas armadas para el efecto de combatir la delincuencia organizada.

Sin embargo, lo que parecía un acto valiente y esperanzador se ha trocado en una realidad dramática y aterrorizante cuando descubrimos que el problema se está saliendo de control del gobierno por dejar el asunto sólo en lo político y no en las formas.

De acuerdo con la fracción octava del artículo 89 de la Constitución, es facultad del Presidente de la República declarar la guerra en nombre de los Estados Unidos Mexicanos, previa ley del Congreso de la Unión, cosa que no sucedió.

Ahora bien, bajo el concepto del Estado de guerra, su aplicación es mayoritaria para conflictos con un país extranjero y debe sujetarse a un procedimiento escrito en el que se invocan instrumentos internacionales violentados, pero para el caso de la guerra civil el gobierno es el que convoca al estado de sitio o suspensión de garantías para mantener el orden público como lo expresa el artículo 29 de la Constitución que refiere explícitamente la suspensión de garantías individuales previo acuerdo de los titulares de las secretarías de estado y con la aprobación del Congreso de la Unión en los casos de perturbación grave de la paz pública o cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto y además refiere que las garantías a suspenderse serían las que fuesen un obstáculo para hacer frente rápida y fácilmente a la situación, cosa que tampoco sucedió ni sucede.

Dado lo anterior, pareciera que el Presidente, en vez de sujetarse a la norma jurídica como abogado que es, se ha ido por la libre con declaraciones ocurrentes que ponen en evidencia su falta de oficio político, su carencia de visión de Estado y además que está abrumado por los problemas sin saber cómo salir de ellos dejando más clara que nunca la frase de Séneca “Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va”

La realidad es que el ejército, a pesar de ser la institución con más credibilidad, comienza a caer en los fangos del desprestigio por estar en las calles combatiendo a un enemigo que se esconde entre la población civil y la utiliza como frente de guerra sin que haya una legislación que le de facilidades operativas a las fuerzas armadas en la coyuntura que vivimos.

Cierto es que hay una iniciativa al respecto que está atorada en el Congreso pero, sin justificar a los legisladores, esa ley se debió presentar y aprobar antes de sacar al ejército a las calles como ya lo mencioné antes al referirme al artículo 89 de la Constitución.

Y es que con una declaración de guerra revestida de toda la formalidad jurídica que se espera de un abogado, los ciudadanos realmente nos veríamos involucrados en la tarea de hacer frente al enemigo y no de estar entre declaraciones encontradas de que estamos en guerra y al mismo tiempo hablemos bien de México porque estamos en paz.

No puedo concebir en mi mente que la resistencia francesa, luego de la ocupación alemana, consumiera vinos Oppenheimer ante la falta de vinos de Burdeos o que adquiriera los bienes que el ejército nazi robaba a las familias judías que eran enviadas a los campos de exterminio. Para los franceses en resistencia era clarísimo que al enemigo no se le debía dar ninguna concesión.

Pero en México el gobierno nos dice que estamos en guerra contra el narco y no se hace ningún esfuerzo legal, ni político, mi mediático para hacer conciente a la población de que no se debe dar ni un milímetro de ventaja al enemigo y con sus comunicados encontrados de guerra-paz no nos damos cuenta que le exigimos seguridad al gobierno y al mismo tiempo consumimos de la cadena productiva que alimenta a los enemigos del Estado ya sea en la forma de piratería, contrabando, productos robados, prostitución, préstamos personales, obras públicas, seguridad alterna, etcétera.

Dado lo anterior se explica que se justifique el, por lo menos, inocente argumento de que los ciudadanos se insertan en la economía del enemigo por hambre, pero olvidamos que en un rasgo de identidad y patriotismo elemental, morir de hambre por la Patria es hasta honroso cuando se hace frente al enemigo, o al menos eso elogiamos a cada rato en el Himno nacional y el resto de nuestra mitología oficial.

“¡Guerra, guerra sin tregua al que intente, de la Patria manchar los blasones!” si los delincuentes ya mancharon los blasones patrios, por qué diablos el representante del Estado mexicano no hace las cosas con el orden esencial que se espera de quien defiende a la Patria, por qué no se ha dicho con toda seriedad a los mexicanos que estamos en guerra y que tomemos las previsiones pertinentes, por qué nos hacemos tontos y nadie hace su tarea en esta guerra.

Con una declaración formal de guerra no existiría siquiera la posibilidad de que una familia de Nuevo Laredo cometiera la osadía de salir a pasear en una zona de conflicto en la que podría morir en un supuesto fuego cruzado, ni se esperaría que un grupo de jóvenes fueran masacrados en una fiesta en Salvárcar o en las calles de Monterrey, simplemente saldríamos a zonas seguras y no andaríamos de noche por las calles, entenderíamos que estamos en guerra.
En la guerra nos sería comprensible el toque de queda, la limitación a celebrar reuniones a altas horas de la noche, hacer presencia en sitios de alto riesgo, proteger bajo un protocolo a la prensa y sobre todo, en casos de ataques del ejército a civiles sin justificación, denunciar crímenes de guerra que podrían ser sancionados en cualquier jurisdicción.

Y bajo esa lógica también es comprensible que el Presidente llegara a desconocer los compromisos que tiene con empresarios, banqueros, políticos, sindicalistas, funcionarios, ministros de culto, líderes y ciudadanos que se han vuelto traidores y sirven a los enemigos de México ¿Acaso también el Presidente está sometido a los caprichos del enemigo o es simplemente que se ha quedado solo?

martes, 23 de marzo de 2010

Ya nos dimos cuenta


Cuando se analiza la guerra que Calderón, a título personal, declaró a los barones del narcotráfico me hace recordar irremediablemente a Leonidas y sus trescientos espartanos luchando contra un numerosísimo contingente persa.

Con esto no quiero hacer de Calderón un héroe ni lo vale, pero lo que sí queda de manifiesto es que sólo él y un puñado de colaboradores en el ejército y la armada se enfrentan a una gran cantidad de funcionarios y autoridades corruptas en los estados y municipios, en los poderes legislativos, en los judiciales y hasta en el propio gobierno federal.

A eso súmele una población condescendiente con las prácticas de infiltración económica de la delincuencia organizada que, lo mismo le provee de bienes y servicios a los capos que paga por su seguridad y hasta obras públicas.

Pero lo más grave, y espero la comprensión a mi postura temeraria, es la complicidad descarada de los Estados Unidos de América en la podredumbre de un negocio altamente rentable en el que son los principales beneficiarios y por el que no están dispuestos a perder un solo céntimo.

Sucede que tenemos un error de enfoque, el narcotráfico no es un problema ni de salud pública ni de seguridad nacional, en realidad es un problema de dineros en el que no entramos porque un negocio tan rentable no puede ser susceptible de la distribución de sus beneficios económicos.

Recordemos que en 1937 en los Estados Unidos se aprobó la Marihuana Tax Act por la que se prohibió el consumo de cáñamo en ese país, cáñamo que simplemente es cannabis o marihuana y que crece naturalmente en México; sucede que las fibras de celulosa que en aquél país se comenzaban a producir, a pesar de ser baratas, simplemente no podían competir con la calidad y resistencia del papel de cáñamo. La restricción de la marihuana ajustó convenientemente en los años de la prohibición del alcohol en Estados Unidos.

Y es que la marihuana causa efectos muy similares a los del alcohol pero sin la degeneración orgánica del segundo y, a pesar de que se ha comprobado científicamente que la marihuana no causa adicción fisiológica y tiene menos efectos secundarios, el hecho de permanecer en la proscripción no detiene su consumo y hasta se vuelve altamente rentable.

Desde luego que esa restricción devino en la proliferación de otros narcóticos naturales y sintéticos que al recibir el mismo trato de exclusión, se incorporaron a uno de los negocios más pujantes de todo el planeta.

Por eso la legalización de las drogas es anatema para los países de vocación capitalista, no porque acabe con la salud de las nuevas generaciones, sino porque acaba con las degeneradas utilidades de un negocio que no paga impuestos. Si México legalizara el consumo de drogas se rompería el esquema de la economía real y afectaría seriamente a los barones del narco del otro lado del Río Bravo, porque su costo bajaría de tal manera que el único resquicio de apreciación sería la zona fronteriza de los Estados Unidos y quedaría en evidencia el grado de involucramiento de autoridades, empresarios y ciudadanos americanos en ese negocio deshonesto. México sería objeto de una sanción inmediata por atreverse a “envenenar” a la población cuando en realidad se debería decir que se castiga por echarles a perder el negocio.

Combatir realmente al narcotráfico hasta eliminarlo para siempre del territorio mexicano también haría que el negocio quebrara, por eso los estadounidenses colaboran armando a los sicarios del narco y creando una red de incentivos sociales en una economía subterránea en que se hace a la población en general un cómplice del delito.

Por eso las autoridades hacendarias en México no pueden ni quieren meterse en el combate efectivo del problema, los dineros del narco; por eso la sociedad mexicana no tiene la calidad moral para exigirle a su gobierno que se combata la ilegalidad en todas sus aristas; por eso México no tiene la plena soberanía para erradicar para siempre al flagelo y por eso Calderón está condenado a terminar aplastado por el gigantesco ejército del Xerxes del Siglo XXI.

La promesa de que el problema se erradicará en un lapso de entre ocho y diez años debe leerse como que los Estados Unidos harán lo posible porque ya no se alborote el avispero y en ese lapso de tiempo los capos vuelvan al submundo del que no debieron salir y no se vuelva a alterar el negocio.

Hoy los Estados Unidos manotean y hacen alarde de un discurso hipócrita que dice colaborar con México para combatir al narco, pero en realidad el objetivo es frenar la violencia para que el negocio se vuelva tranquilo y no cueste más porque, muy seguramente, los beneficiarios están preocupados desde la Border Patrol y hasta la Casa Blanca y ya preparan una reunión del Consejo de Administración en territorio mexicano. ¿Qué quiere en realidad Estados Unidos?

lunes, 8 de marzo de 2010

México, la otra Barataria


Quise que ésta fuera la colaboración más breve, elocuente y contundente que podría hacer, pero la indignación me he obligado a hacer un análisis más extenso del escenario político mexicano. Por lo que van ambas.

Sentencia el Quijote en los consejos que dio a Sancho Panza:

“[…] que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza […]”

Hasta aquí la colaboración y a continuación el análisis.

La tradición ubica al Quijote como el hombre culto, caballero andante que no puede prescindir de un escudero y al Sancho como el pueblo llano que, más que cultura, hace gala de la sabiduría popular y armado de refranes y de experiencias es capaz incluso de superar cualquier adversidad.

Por ello resulta ominosa, por decir lo menos, la ineptitud del aparato de gobierno en México y su total falta de oficio que raya en la grosera estulticia. Categóricamente no se puede admitir que una camarilla de “eminencias académicas” haya resultado ser una runfla de palurdos improvisados que, fácilmente, podrían ser superados en las artes del gobierno por un hombre de “[…] muy poca sal en la mollera” como se decía del labrador que Cervantes concibió.

Cuando un Ministro -y recalco la investidura para que no se confunda con el término oficial de Secretario o mandadero- cuando un Ministro de la política interna de un gobierno se comporta como todo, menos como un político que hace la representación del universo de lo público, la cosa ya va por muy mal camino.

Ahora resulta que los hombres públicos tienen el legítimo derecho a ser estúpidos y a hundir a su país si primero cumplen con el nobilísimo requisito de no ser deshonestos ni mentirosos. Si ese ministro, para protegerse en su arrogante visión de sí mismo y poner a salvo la interlocución con un actor de la oposición, pone en riesgo la interlocución con el resto de la oposición, con su propio partido, con su jefe y con su país, debe renunciar de inmediato porque simplemente no sirve, es torpe y obtuso para la política.

Y cuando pone en riesgo la interlocución con el que era su partido al renunciar a éste, dejando pistas y despertando suspicacias sobre presuntos acuerdos que atentan contra la democracia electoral, le saldría barato que lo echen de patitas en la calle.

Más grave resulta aún que, ante la suspicacia, el líder del que era su partido ponga en evidencia su conducta política pueril y, con una moral contraria a la del ministro, mienta de manera consuetudinaria primero para negar y luego para retractarse y hasta evidenciar una negociación turbia como si tuviera carta abierta para justificarse y hacer estupideces en nombre y en contra de México y peor, con la ingenua esperanza de que la población vote por su partido.

Por eso y sólo por eso, ese líder de partido debería largarse hasta del país. Con qué cara va a acudir a los mexicanos para convencerles de que su partido es una buena opción de gobierno.

Lo que el imberbe líder ha hecho es que la sociedad ubique al partido rival como astuto, igual de tramposo, pero no lo suficientemente idiota como para hacer desfiguros de cara a la nación. Ahora el PRI es el partido de los políticos cochinos pero listos y con eso basta al mexicano porque entre los listos y los tarados, al no haber opciones, nos quedamos con los listos, por muy ladrones que sean. Esa no debe ser la alternativa de México, ya nos vamos mereciendo un país sin priístas ni panistas o perredistas impunes, falsos y cobardes.

Y lo inverosímil, que el Presidente no estaba enterado ni de lo que hacía su ministro, ni de lo que pasaba en el partido de sus desvelos. Esa no se la cree ni un enfermo en estado de coma, porque si nos lo creemos, entonces resulta que tenemos un presidente autista, ignorante, alejado de lo que pasa en su país y sus relaciones políticas.

Qué le será peor a Calderón, pasar a la historia como un hombre pragmático y tramposo al que se le cayó el teatrito o como un hombre desinformado al que todos ignoran y actúan a sus espaldas.

Ahora los mexicanos somos el Quijote y los gobernantes son el fallido Sancho Panza, la culpa es de ellos y la vergüenza es nuestra. Los elegimos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Para qué tanto brinco


Los gobiernos de los estados de Guanajuato, Jalisco, Morelos, Sonora y Tlaxcala presentaron sus respectivos recursos de controversia constitucional en contra de la reforma del artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal que la Asamblea Legislativa de esa entidad aprobara en diciembre de 2009; este proceso, aunado al que presentara la PGR, crea una ola política de peligrosas consecuencias para los promoventes.

Tal pareciera que la reacción contra la mencionada reforma se está produciendo con la víscera y no con la cabeza y, desde mi muy particular opinión, se está ante el riesgo de que las controversias sean rechazadas por la Suprema Corte de Justicia, poniendo en un evidente ridículo a los quejosos y haciéndole gordo el caldo a los perredistas que aprovecharían la ocasión para la reivindicación de sus conquistas políticas.

Y es que, de origen, la propuesta de reforma resulta inofensiva porque en ningún momento se permite o se obliga explícitamente a las personas del mismo sexo a contraer matrimonio civil, simplemente se sustituyó en la redacción del artículo 146 a “un hombre y una mujer” por “dos personas” que sí, tal vez podrían ser del mismo sexo o tal vez no, pero en esencia la reforma no tiene ninguna connotación homosexual.

Es cierto que los autores de la reforma iniciaron un debate malintencionado con todo el propósito de incitar a los grupos conservadores, homofóbicos y a las iglesias que se tragaron el anzuelo completito y respondieron a la provocación. Si tan sólo se hubiera presentado la iniciativa de reforma sin aspavientos la polémica estaría muy baja de tono, pero cuando se invocan los argumentos de posibilidad de matrimonios del mismo sexo, posiciones progresistas, intolerantes a la tolerancia y con plena dedicatoria a la Iglesia y a los sectores más conservadores en el PAN, la virulenta respuesta resultaba natural.

El problema es que los argumentos que presentan, tanto la PGR como los gobiernos locales, son ambiguos y hasta débiles porque en ninguna parte de la Constitución se menciona al núcleo familiar compuesto por determinadas figuras y lo mismo sucede con el artículo impugnado, por lo que toca a los estados el hecho de pretender desconocer la validez de un presunto matrimonio homosexual en otro estado, bajo la redacción del artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal, también desconocería en las entidades a los matrimonios heterosexuales.

El problema no está en el texto reformado, sino en las interpretaciones que se hacen de él, de hecho me atrevo a considerar inocua la reforma en el Distrito Federal y, aunque desde mi punto de vista respeto la diversidad de preferencias y no estoy de acuerdo en ponerle demasiada atención a un minúsculo segmento de la población, creo que se está exagerando demasiado el asunto.

Hay uniones heterosexuales y homosexuales de hecho que no precisan de la formalidad jurídica para generar compromisos exitosos y duraderos, ese es un asunto de la moral individual de las personas y esa se aprende en el hogar y, en todo caso, la Constitución sí es explícita al reconocer igualdad de derechos independientemente de la condición de cada individuo por lo que, en el Distrito Federal o en cualquier otro estado, cualquiera que pretenda unirse con una persona de su mismo sexo, se puede amparar para defender su garantía de igualdad ante la ley.

Pero nunca falta algún aspirante a político, voluntarioso y con una imagen magnificada de sí mismo que hace que se sienta Hammurabi y pretenda hacer la Gran Ley para figurar en la historia de México, aunque francamente lleve al edificio jurídico verdaderas manías para alimentar su gran ego y poner en evidencia su miopía como estadista.

El tema de los matrimonios del mismo sexo, más que del ámbito legislativo es digno del análisis de la política pública y allí sí sale perdiendo la comunidad lésbico-gay, transexual y transgénero porque, al no ser considerada su necesidad como un problema público -y al decir público me refiero a una posición mayoritaria de la población- debería resultar una petición rechazada por el poder ejecutivo en cualquiera de sus órdenes.

Dice un amigo muy estimado que teniendo cinco hermanos parece mentira que sus padres los hayan dejado de lado por atender a uno de ellos que tuvo orientación sexual diferente y eso es justamente lo que hizo el gobierno del Distrito Federal que, por defender la petición de una minoría en aras de un progresismo mal entendido, desatiende los serios problemas de una mayoría con necesidades más apremiantes y desprecia todo su ancestral bagaje cultural que, a decir del Diputado Muñoz Ledo y del Senador Carlos Navarrete, seguramente tendrá como resultado una baja en la intención de voto por el PRD.

Creo que el debate ha sido el pretexto perfecto para distraer la agenda pública de temas que requieren de mayor atención tales como la corrupción pública en el Distrito Federal, el manejo de los recursos públicos, las pretensiones presidenciales del Jefe de Gobierno y la falta de resultados en materia de seguridad, servicios públicos, infraestructura.

No dejemos que se nos vayan los asuntos importantes, ya es hora de que seamos maduros en la cosa pública y nos dejemos de discusiones pueriles que nos muestran como pubertos sociales.

jueves, 21 de enero de 2010

Haití: Entre la desolación y la podredumbre humana


Cuando escribo estas líneas viene a mi mente el Adagio para cuerdas de Samuel Barber que fue calificada en 2004 como la obra musical más triste de todos los tiempos por la audiencia de la BBC y es que esos sonidos revelan profundamente el estado de desolación total y desesperanza, quizá provocada por una hecatombe o una inmensa desgracia.

Siempre ubiqué la imagen que me evoca esa obra en las ruinas de la Europa de 1945 totalmente devastada, arruinada hasta sus cimientos, calcinada, con sus hombres y mujeres deambulando por las calles sin esperanza ni mañana, tan sólo viviendo por vivir.

Pero a raíz del brutal cataclismo de Haití me he visto obligado a cambiar mis referentes sobre la imagen que me evoca esa obra y otro significado sobre la devastación total y la desesperanza absoluta. El desastre haitiano es el calamitoso efecto del estremecimiento de la tierra desde sus entrañas, pero su catástrofe humana es el ominoso resultado de la estulticia y el egoísmo de los hombres.

En efecto, el terremoto del 12 de enero de 2010 quizá haya sido una eventualidad providencial para poner frente a los ojos del mundo entero una crisis humanitaria que ya estaba presente desde hace muchos años y que ni los haitianos ni los “estadistas” y sus geniales ideas multinacionales pudieron o quisieron resolver.

Haití es la muestra histórica de la explotación irracional que desde el Saint Domingue de los Franceses, hasta nuestros días se hace patente. Los colonizadores franceses y su política esclavista y opresora detonaron una de las más tempranas y violentas luchas independentistas en el continente americano, pero esa lucha no hizo una nación mejor, el virus de la intolerancia y el egoísmo ya estaba inoculado en las mitocondrias sociales del naciente Haití que se vio reflejado en un país dividido entre la monarquía y la república coexistentes, continuas revueltas, deposiciones y golpes de Estado hasta que en 1914 fue invadido por los Estados Unidos bajo los mismos pretextos que ahora se enarbolan para ocuparlo de nuevo.

Haití es el país de la inestabilidad política provocada por el egoísmo humano, con tantos gobernantes como años tiene una década y con una espantosa falta de reconocimiento y de legitimidad de las autoridades. También es el país de la rapacidad, en donde la desordenada economía agrícola desertificó al territorio creando una crisis alimentaria y donde un minúsculo porcentaje de la población vive en la opulencia mientras una mayoría sufre los efectos de la miseria; desnutrición, analfabetismo, desempleo, enfermedades y violencia social.

No era necesaria la furia de la naturaleza para que los haitianos ejercieran la violencia por falta de víveres, es más, entre paisanos había crueles asesinatos en plena vía pública para luego incinerar los restos y practicar la antropofagia en medio de la indiferencia de una población que deambulaba por las calles sin nada que dejar y nada que esperar.

No hacía falta la desorganización local e internacional para que los haitianos recurrieran al consumo de la “pica” que es una galleta hecha de barro, manteca y sal que no nutre pero que palia el hambre y para colmo enferma y por si fuera poco todavía tiene valor comercial que, antes del terremoto, era aproximadamente del equivalente de 25 centavos cada una. Tampoco tenía que ocurrir este cataclismo para que las pandillas armadas salieran a despojar a las personas de lo elemental.

Pero si este panorama ya parecía desalentador aún hay más torpeza y estupidez humana, ya no se diga de los haitianos, sino de los “sensibles” líderes mundiales que vieron el problema de violencia e ingobernabilidad de esa nación caribeña y decidieron tomar parte activa para dejar las cosas tal y como ya estaban.

Así es, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití denominada por sus siglas MINUSTAH o mejor conocida por los haitianos como TURISTAH, se conformó mediante la resolución 1542 del Consejo de Seguridad de la ONU el 30 de abril de 2004 como una Operación de Mantenimiento de la Paz (OMP) y así superar los problemas derivados del golpe de Estado de 1991 y la crisis social de 2004 y que, a la vista de los saldos del terremoto, ha sido un rotundo fracaso y viene a confirmar lo que ya algunos investigadores de las OMP’s y críticos de la ONU, desprestigiados por cierto, afirmaban: “Las OMP’s son un instrumento de legitimación de los intereses imperialistas, con el aval del títere que es el Secretario General en turno de la Organización de las Naciones Unidas”

Se tiene bien documentado por especialistas de la Universidad de Bradford, Inglaterra, que la intervención de los cascos azules de la ONU en Haití vino a perturbar más las condiciones de vida que lo que se podría esperar de una fuerza de pacificación; se tiene información precisa de la colusión entre los líderes de las pandillas de la localidad de Cité du Soleil y los efectivos de la fuerza multinacional para ejercer impunemente la prostitución, el tráfico de drogas, armas y personas y las agresiones sexuales.

Bajo estas condiciones resulta imposible tener éxito en la verdadera estabilización de Haití, cierto es que bajo el mandato de la ONU en ese país disminuyó la violencia pero, a decir de los estudiosos del tema, esto obedece más a la protección de los intereses criminales que a un verdadero abatimiento de las condiciones de incertidumbre en aquella nación caribeña.

Dado lo anterior resulta que MINUSTAH es un categórico fiasco y la prueba patente es que si en verdad se había alcanzado un nivel de estabilización y de organización social que sólo esperaba un proceso de consolidación institucional, según del informe del Secretario General de Naciones Unidas en octubre de 2009, lo cierto es que tras la eventualidad quedó de manifiesto que nunca hubo un Estado con autoridad reconocida que tuviera, ya no se diga los recursos, al menos la capacidad suficiente de organizar y coordinar a los cuerpos de emergencia locales e internacionales que le dieran sentido de oportunidad a las tareas de rescate y reconstrucción.

Ante este panorama resulta, por lo menos ingenua, la pretensión de la Senadora Adriana González Carrillo de que México participara en la Misión de Estabilización en Haití que podría poner en entredicho la solvencia moral de las fuerzas armadas mexicanas precisamente cuando el ejército mexicano se encuentra en una lucha contra el tráfico de drogas.

Nuevamente, al igual que en 1915 y bajo el pretexto de la inestabilidad política y la inseguridad, Estados Unidos envía un gran contingente militar a Haití que ha mantenido control sobre las operaciones internacionales de rescate y salvamento, con la complacencia de la ONU que ha privilegiado la conservación de la autoridad por encima de ese impulso humano que dicta ir a salvar vidas a como dé lugar. La ONU dispuso el fin de la fase de rescate de víctimas a sabiendas de que aún hay sobrevivientes bajo los escombros porque tiene la urgencia de reconstruir Haití ante la presencia exigente de contratistas estadounidenses que ya se aprestan a hacer negocios a costa del sufrimiento de los haitianos.

Estados Unidos ya tuvo su oportunidad desde 1915 y hasta 1934 y simplemente no logró la estabilidad de Haití, lo volvieron a intentar desde 1991 y hasta el día de hoy con pésimos resultados, pero no ceja en su intento de controlar ese país. ¿No será que está tratando de poner un frente oriental sobre Cuba para rodearlo y en su oportunidad cerrar la pinza contra el régimen de los Castro? Como que suena más a geopolítica que a asistencia humanitaria.

Por lo visto los intereses, el egoísmo y el enanismo mental de los poderosos se ponen de manifiesto y se usa como pretexto la desgracia de un pueblo débil y pobre que más que supuestas ayudas estériles lo que necesita es una simple oportunidad de hallarse a sí mismo y encontrar su camino.

Por favor, queremos escuchar una música de esperanza.

viernes, 23 de octubre de 2009

¡Otra vez la burra al trigo!


Bien dice la frase de Marco Tulio Cicerón de hombres es equivocarse; de locos persistir en el error y es que esos y otros calificativos más duros se merecen los diputados de la flamante LXI legislatura porque literalmente están viendo el temblor y no se hincan.

Hace falta estar loco para pretender incrementar los impuestos en un entorno recesivo, hace falta ser estúpido para subir arbitrariamente la estimación del precio del barril de petróleo para el año 2010 a sabiendas de que ya no hay y no puede seguir siendo la fuente de financiamiento público, hace falta ser retrasado mental para aumentar el déficit cuando ya se tienen muchos compromisos nacionales e internacionales.

En fin que hace falta ser una runfla de imbéciles pusilánimes para no querer entender que el financiamiento para el desarrollo debe descansar en las contribuciones de todos los mexicanos y no en aumentar la carga al 40% que sostiene al país con sus impuestos pero, ah como se le tiene pavor a tocar siquiera con el pétalo de una rosa a los pobres, como si fueran reliquia sagrada.

Y es que los tan llevados y traídos pobres se han convertido en el lastre que impide a México levantar el vuelo, no por su estado de precariedad ni por su condición de desigualdad, sino porque a la clase política le conviene que existan pobres para justificar su discurso populista y mediocre.

¡Malditos pobres, urge exterminarlos!, no como frase de reivindicación clasista, sino como una exigencia a toda la sociedad mexicana para desterrar la indignante pobreza que sí se puede pero que no se quiere o no conviene combatir; ya estuvo bueno de que les demos limosnas en la calle o a través de programas gubernamentales asistencialistas que sólo los mantienen vivos pero no los sacan de pobres.

Se recita hasta el cansancio que cobrarle IVA a los pobres es un atentado a su economía, pero esa es retórica barata que pretende acarrear el aplauso fácil y los votos de los ignorantes, la verdad es que si no hacemos responsables al 60% de los mexicanos que no pagan impuestos estaremos fundando una nación de irresponsables que no tienen ningún aprecio por su país pero que esperan que su gobierno los mantenga. Que decadente panorama.

Siendo México una de las primeras quince economías del mundo, no se puede entender que la riqueza esté tan mal distribuida y sea uno de los países más desiguales del orbe, pero todo ello por ese afán de preservar los cotos de poder de unos cuantos malandrines que se enriquecen a costa de la pobreza de la gente. Parafraseando a Álvaro Vargas Llosa: la transferencia de la riqueza de los pobres a los ricos.

Desde mi muy particular opinión y en un ejercicio si se quiere reduccionista y simplón, con que tan sólo el gobierno cobrara un único impuesto por toda actividad económica y al consumo del 13%, se podría recaudar un porcentaje tan alto del PIB nacional que alcanzaría perfectamente para tapar el “boquete presupuestal”, todo el gasto corriente y sobraría una buena cantidad de recursos para financiar el desarrollo.

Lo anterior quizá suene muy poco ortodoxo y hasta exagerado pero esas y otras más ácidas acusaciones recibió, por parte de muchos economistas, el Premier Estonio Mart Laar, quien en 1994 introdujo el modelo fiscal denominado Flat Tax y en tan sólo diez años cambió las cifras de una inflación del 1000% a una del 2.5%; y una tasa de crecimiento del PIB de -30% a 7% anual.

Recudir los impuestos sí es popular pero además estimula la recaudación y la inversión, se amplia la base tributaria y al cerrar el paso a las exenciones exorciza la evasión y los cambios de régimen fiscal y al tener una tasa tan baja se fomenta la contratación hasta de mano de obra no calificada.

Estas medidas sí son de combate efectivo a la pobreza y detonan el crecimiento económico del país pero, ¿Qué pasaría si se acaba la pobreza en México?:

* Se le acabarían los pretextos al poder público para justificar programas ineficientes y en consecuencia se vería obligado a reducir considerablemente el tamaño del gobierno con lo que se acabarían los incentivos que un candidato presidencial podría ofrecer a cambio de apoyos políticos y votos.

* Los políticos se quedarían sin ideas engañabobos para mantener cautivos los votos de los pobres.

* Todo el aparato gubernamental se tendría que poner a trabajar de verdad en vez de hacerse tontos con presuntas teorías e ideologías maniqueas para hacer creer a la población que son indispensables para el futuro de la patria.

* Se acabarían los parásitos de la vida pública.

Pero precisamente por todos los perjuicios que acarrea a la clase política una reforma hacendaria profunda y con la mira puesta en el crecimiento de México y de los mexicanos es que no se hace lo correcto.

Aquí es donde los mexicanos tenemos la culpa, porque no nos hacemos responsables de los errores que cometemos como ciudadanos al elegir malos representantes y por lo obtusos que somos para seguirnos tragando el anzuelo discursivo de las limosnas oficiales a los pobres. No olvidemos que no se trata de atender a la pobreza, sino de crear riqueza para todos.

Los políticos en México ya son manzanas podridas y seguirán apostando siempre por los remiendos a un traje sucio y maltrecho para no perder el poco poder que tienen enfundados en él, siempre poniendo de pretexto el falso discurso de los pobres sin darse cuenta que a este país le quedan menos de diez años de vida si lo llevan por esa ruta.

Lo más grave es que ya se hayan dado cuenta y prefieran enriquecerse a costa de nosotros unos cuantos años más para que, justamente a un instante de que se incendie el país, huyan a otra parte con todo lo que le pudieron sangrar a la patria, aunque después nuestro México se ahogue en su inmundicia y termine desangrándose para ser la Ruanda, el Congo o la Angola del continente americano.

¿Nos lo merecemos?

viernes, 21 de agosto de 2009

Palabra de honor


Este día hay un cumpleaños y aunque no hay nada que celebrar si deberíamos apagar todas las velitas y las veladoras que millones de mexicanos encienden todos los días para invocar a quien más confianza se le tiene en el mundo espiritual, que nuestros familiares vayan y vuelvan con bien a nuestras casas.

Así es, hoy hace justamente un año se firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad en el que los gobiernos estatales, el del Distrito Federal y el gobierno federal suscribieron una serie de compromisos para atenderse de inmediato y hasta en un plazo de dos años sin que se hasta ahora se tengan resultados satisfactorios.

Y es que como dice Alejandro Martí, hace falta voluntad política para cumplir, y añadiría que no sólo con los compromisos en materia de seguridad, sino en todos los compromisos públicos que hace la autoridad en cualquiera de sus niveles y órdenes.

Volviendo al tema de la inseguridad, no nos hagamos tontos, meter la mano hasta el fondo de la cloaca tiene costos políticos tan altos que nadie tiene los pantalones para poner en riesgo su futuro político y su integridad física a favor del país.

Todo comienza con la “inocente” permisividad a faltas que parecen insignificantes pero sin las cuales, nuestro sistema de incentivos perversos no funciona. Menos en elecciones.

En efecto, cuando al ciudadano común se le permite estacionarse en lugares prohibidos, tirar basura, instalarse en la calle a vender piratería y contrabando, entonces se desvirtúa el pacto social y nadie le teme a la autoridad. Es aún más grave cuando la autoridad se disloca y en vez de sancionar se presta a la corrupción.

Y es que si nos asomamos a las faltas inocentes, nos daremos cuenta de que el comercio informal se alimenta de todo tipo de ilegalidades que van desde la competencia desleal hasta delitos graves sin que haya absolutamente nadie que ponga orden y que tenga la calidad moral para señalar el vicio.

Y es que nosotros los ciudadanos también nos hemos hecho cómplices de la delincuencia organizada; cuántos de nosotros hemos comprado alguna vez algún artículo pirata o fayuca bajo el estúpido pretexto de que “es más barato” sin tomar en consideración que cerramos el círculo de delitos como el robo y el contrabando.

Y es que somos un país de comodones que no estamos dispuestos a cargar con las consecuencias de nuestros actos, si no nos alcanza para comprar algo, simplemente no lo compramos, ah pero preferimos sacarle la vuelta aunque sea violando las leyes.

Con esas actitudes, la inmensa mayoría de los mexicanos debería estar en la cárcel.

Si el pueblo tiene alicientes para alimentar la delincuencia, imaginemos la dimensión de los incentivos que tiene la autoridad cuando tiene a una población que no se subleva porque se toleran prácticas ciudadanas al margen de la ley que son la base de toda la estructura delincuencial en nuestro país.

Ante esa doble moral, no nos queda de otra que moralizar a la sociedad porque no podemos dar el paso hacia la cultura de la legalidad si antes no comprendemos que tenemos que respetarnos y hacernos respetar para recuperar la congruencia y la cordura.

Y si esa es una obligación de todos, se exige desde luego que la autoridad deje señales contundentes de un cambio en su ética, porque las pueriles justificaciones de los últimos días sobre los resultados insatisfactorios en materia de seguridad, ponen en evidencia que tenemos políticos y gobernantes mediocres, de una bajísima escala moral y que no tienen aprecio siquiera por sí mismos. Dicho de otra manera no son honorables porque no tienen palabra de honor. En Japón ya se deberían practicar el harakiri.

El problema ya no está tanto en los indicadores, sino en que hace un año se les dijo claramente “Si no pueden, ¡renuncien!”Y pareciera que hubo oídos sordos y es peor por la impresión que dejan a los ciudadanos, porque si el gobernante o el funcionario pueden mentir impunemente y no cumplir sus compromisos sin castigo alguno, es tan grave como el asesino o el narcotraficante. Así nunca vamos a poder combatir la delincuencia.

Con justeza hay que decir que solamente Marcelo Ebrard le tomó la Palabra a Alejandro Martí y se comprometió, no en un año, sino en cien días a que daría resultados y no cumplió, pero vemos con tristeza que allí sigue despachando en el Ayuntamiento con todo el cinismo y la impunidad propios de los delincuentes organizados; por supuesto que se va a hacer el loco y no va a renunciar porque la Presidencia de la República bien vale mentir, incumplir, hacerse tonto y hasta delinquir.

Él y otros tantos más no pudieron, ¡Que renuncien! ¿O acaso no tienen Palabra de Honor?

jueves, 13 de agosto de 2009

Fervor mexicanero

En más de una ocasión en este blog se cuestionó la posibilidad de incluir al fútbol como tema de la agenda pública que, aunque sí lo es y si tiene impacto en la psicología social, tampoco es determinante para los asuntos de Estado, sin embargo, tarde que temprano tendría que suceder y helo aquí.

Indiscutiblemente la Selección Mexicana de Fútbol demostró carácter en el terreno de juego y no sólo derrotó a su similar estadounidense en la pizarra, sino que tuvo mayor posesión del balón y mostró una fortaleza física y moral que pocas veces se recuerda.

Pero no se fíe, querido lector, porque es el juego del 12 de agosto en el Estadio Azteca, el pretexto ideal para señalar una aberración social que sólo se pone de manifiesto con los triunfos de la representación mexicana en un deporte tan popular como el fútbol.

Sí, la selección ganó contundentemente y nadie lo cuestiona, también es causa más que justificada para celebrar y poner en lo más alto el orgullo patrio en un tiempo en que la falta de referentes emblemáticos que nos den una inspiración es la constante, y sobre todo en un entorno de crisis en que parece que México es objeto de las siete plagas. Esta victoria es un verdadero respiro al ánimo nacional.

Pero en el festejo está el pecado del mexicano, porque pone de manifiesto su total falta de compromiso con el país, no solo al reproducir la frase de que “ante la victoria nosotros ganamos y ante la derrota ellos (la selección) perdieron”, sino porque exaltamos una serie de valores “patrios” que poco o nada tiene que ver con el patriotismo.

¡Viva México cabrones! Es la consigna que se grita en la Glorieta del Ángel de la Independencia, y en otras plazas importantes del país, en medio de carreras, sonrisas y cervezas, y entonces me pregunto quiénes diablos son los cabrones; según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el cabrón es un hombre experimentado y astuto que juega malas pasadas, que es molesto, infiel y traficante; pero también es la persona que aguanta cobardemente los agravios de que es objeto. Entonces a quiénes les decimos cabrones.

En el caso de la coyuntura se trataría de los “gringos” y después al resto del mundo, quizá por los agravios de que hemos sido objeto como país, en su época por españoles, ingleses, holandeses, franceses y estadounidenses; y en el mundo moderno por todo lo que significa un desarrollo que es ajeno al nuestro.

Sin embargo, lo más probable es que el mexicanito que lanza esa proclama a los cuatro vientos se trate de un “cabrón” abusivo que no respeta las leyes porque le parecen injustas, no paga impuestos, compra artículos pirata, tira basura en la calle, da mordidas, si tiene auto se pasa los altos y se estaciona en sitios reservados a personas con discapacidad, y quizá hasta haya votado por el PRI porque lo considera un ladrón que “salpica al pueblo”.

Si eso es lo que consideramos patriotismo entonces ni nos viene quejarnos de las amarguras de la patria; no tenemos calidad moral para pedirle al poder público que combata a la delincuencia organizada si somos sus principales clientes, cómo diablos le exigimos honestidad a los gobernantes y políticos si nosotros somos igual de corruptos y siempre tratamos de sacarle ventaja al prójimo –generalmente con astucias mañosas-, cómo nos atrevemos a reclamar obras y servicios de calidad si sólo una minoría sostiene con sus impuestos a una mayoría parasitaria, cómo peleamos nuestros derechos si no somos capaces de cumplir con nuestras obligaciones como mexicanos.

Si los mexicanos fuéramos ciudadanos responsables, no tendríamos que andar temiendo que una turba emocionada por el triunfo de la selección pudiera violar a la Diana Cazadora, sino que cuidaríamos que lo que ya pagamos con los impuestos no fuera dañado en nuestro frenesí futbolero.

El verdadero patriota mexicano cumple con sus obligaciones ciudadanas y tiene toda la dignidad para reclamar su derecho sin que tenga nada que lo haga agachar la cabeza, eso sí es ser mexicano.

Si visualizamos la ciudadanía mexicana, como la membresía a un club exclusivo, comprenderemos que para conservarla tenemos que cumplir con las reglas que se establecen, de otra manera quedamos excluidos, de tal suerte que podamos entender que el mexicanito patriotero que grita desordenadamente y que no cumple con sus leyes y normas, no debería ser llamado mexicano.

Ganemos ese espacio para que seamos un pueblo capaz de exigir a su gobierno honestidad y tengamos el talante para obligar al espacio público a construir, junto con nosotros, el país que queremos.

¡Que viva México! Para los mexicanos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Ya no nos doren más la píldora


Desde el 11 y hasta el 13 de agosto se discuten, tanto en el Senado de la República como en el Gobierno del Distrito Federal, audiencias públicas para evaluar la crisis económica y proponer soluciones, así como mesas redondas sobre el agotamiento del modelo de desarrollo, respectivamente.

Sin pretender asumirnos como profetas o futurólogos, sí podemos sacar una conclusión anticipada del resultado de ambos ejercicios: dinero gastado en la organización y logística de eventos que no producirán absolutamente nada; diría Carlos Monsiváis: “Como en las telenovelas, pasa de todo para que al final no pase nada”

Y es que partimos de un lastre fundamental que no deja que la economía despegue: la mal entendida política social que crea clientela; si parafraseamos a Lionel Robbins y entendemos a la economía como administración de la escasez tendríamos que pensar, en una construcción ideal del ejercicio de análisis, que se propondría llevar a cabo un programa de reorientación del ejercicio del gasto a áreas verdaderamente prioritarias como la infraestructura, seguridad pública eficiente, desarrollo industrial y subsidios a la educación y la investigación científica y tecnológica; pero no, seguimos pensando en poner a salvo el asistencialismo.

Desde luego que sí es importante ayudar a los pobres, pero dándoles limosnas nunca los sacaremos de limosneros, hay que generar otras alternativas de desarrollo y atreverse a cambiar al país sin andar pensando tanto en los costos políticos, porque con ellos como ancla, nunca podremos superar los rezagos del país.

Si profundizamos en los alcances de lo que se consideran las políticas prioritarias del gobierno mexicano caeremos en la cuenta de que estamos ante una disyuntiva que, irremediablemente, nos conduce a un mal camino porque, o se trata de una estrategia que no asegura el despegue productivo de los segmentos de la población en desigualdad, o simplemente es un plan perverso para mantener un coto de poder basado en la necesidad de la gente, como diría Álvaro Vargas Llosa, en la transferencia de la riqueza desde los pobres a los ricos.

En efecto, las políticas asistenciales en México tienden a organizarse en torno a los indicadores del Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sin tomar en consideración las peculiaridades socioculturales de las comunidades y las personas, por lo que las implementan bajo los criterios de PIB per cápita, educación y mortalidad, mismos que se pretenden paliar con una suerte de “becas” para quitarse de encima la responsabilidad de ampliar la cobertura y calidad de los servicios sociales existentes generando una dependencia total de los recursos de los programas, sin implementar modelos de responsabilidad social y desarrollo.

Lo anterior se pervierte con el intercambio de favores que crean la clientela política y dejan un esquema de apoyos a núcleos sociales a cambio de apoyo político-electoral, todo al margen de la ley. Ello, aunado a la política de subsidios generalizados que terminan beneficiando más a los segmentos sociales de mayores ingresos, configura un escenario en que los contribuyentes cautivos y los consumidores –de todo nivel social- financien la política asistencial, de la cual, las clases pudientes, también resultan favorecidas –los pobres hacen más ricos a los ricos- sin que se tengan resultados concretos.

Todo este enredo podría solucionarse con la eliminación de la política asistencialista, pero a la clase política le es más rentable mantener con limosnas a votantes cautivos que esperan la “generosa” dádiva del gobierno en turno, que a hacer progresar a una sociedad que después se volvería más crítica y exigente, y que podría cometer la “imperdonable ingratitud” de no votar por ellos, sólo porque cometieron el “inocuo pecadillo” de no ser eficientes.

En un contexto de crisis se tienen que tomar medidas valientes y de gran calado que tienen un costo político, pero que en el mediano plazo pueden enderezar el barco.

El problema es que, como carecemos de estadistas en México y los que hay tienen cerrada la puerta para el ejercicio del poder público, siempre estamos supeditados a la buena de los gobernantes y si estos miden que las dolorosas medidas que se deben tomar para superar los rezagos tienden a restar votos, simplemente dejarán las cosas tal y como están.

Lograr mayor equidad en la distribución de la riqueza implica también una redistribución de las responsabilidades fiscales de todos los mexicanos, porque ha quedado fehacientemente demostrado que la política de exenciones y apoyos hacendarios termina favoreciendo a los mexicanos de mayores ingresos en lugar de aquéllos que verdaderamente lo necesitan.

Hacer que todos los mexicanos, sin excepción, paguen impuestos no es una herejía, antes bien es una obligación del ciudadano para con el Estado por lo que se hace impostergable cerrar la puerta de los privilegios y las exenciones para que el gobierno cuente con los recursos suficientes para financiar el desarrollo y destinar partidas específicas a los mexicanos que en realidad lo necesitan.

En ese sentido hay que comprender que el ejercicio del gasto público para financiar paliativos no estimula la productividad social, por el contrario, incrementa la dependencia y la cultura del mínimo esfuerzo, lo que deja la responsabilidad productiva en una minoría que no se beneficia de los apoyos gubernamentales, por lo que también se hace urgente que la política asistencial venga acompañada de la responsabilidad social del beneficiario, si se le ayuda que también sea solidario; de nada sirve regalar el dinero de los contribuyentes para que no pase nada, se tiene que obligar a los beneficiarios a dar resultados concretos por cada apoyo recibido, sea en productividad, eficiencia, creatividad, rendimiento académico, etcétera, de otra manera estaremos tirando el dinero público a un pozo sin fondo.

La verdadera inversión pública para el desarrollo está en la generación de fuentes de trabajo y no de empleo, en la infraestructura estratégica del país, y en una educación de calidad que cambie la mentalidad de los mexicanos desde la visión del empleado a la del emprendedor, y desde la postura del súbdito a la del ciudadano activo.

Y es que en nuestra América Latina se ha confundido al gobierno con el Estado y después, en su función, porque se tiene la errónea impresión de que el gobierno debe ayudar a la población cuando en realidad su verdadera función es la de administrar los recursos nacionales para asegurar la autoprotección social.

Tenemos que salir de nuestra percepción medieval de la sociedad y romper los diques corporativos de la estructura social real de nuestro país y de América Latina para que, como pueblos, salgamos de la adolescencia, asumamos la responsabilidad que da la madurez social y nos dejemos de estar jugando improvisadamente al Estado y al gobierno.

lunes, 10 de agosto de 2009

La batalla napoleónica por Sonora


Tanto en las guerras como en la política, hay que ser muy cautos en las estrategias, porque un error minúsculo puede significar una gran derrota, y si no me creen, indaguemos sobre la Batalla de Waterloo que hundió para siempre a Napoleón Bonaparte.

Bonaparte se reafirmaba políticamente en Francia y retomaba sus pretensiones imperialistas después de su exilio, lo que le dio un exceso de confianza; la batalla decisiva fue mal abordada por no tomar en consideración la eventualidad de un terreno flojo causado por la lluvia, lo que le resto poder de fuego a la artillería; el Mariscal Michel Ney se confundió con los movimientos de las tropas aliadas y ante la ausencia de Napoleón interpretó una retirada que nunca existió, por lo que expuso a sus hombres a una lluvia de balas que puso a la caballería y a la Guardia Imperial en una desordenada huída; pero lo más importante es que por más poderoso que fuera el ejército francés, no logró el objetivo de dividir al contingente aliado de Wellington y Blücher.

¡Que parecida suena esa batalla a los errores de estrategia del PRI en Sonora! Comparemos los escenarios para comprender el grave error que está cometiendo el priísmo en la impugnación de la elección que favoreció a Guillermo Padrés en la gubernatura.

EL PRI parte de un mal diagnóstico al creer que arrasó al PAN y al PRD y se reposiciona con fuerza a la presidencia de la República en el año 2012, y es que, si bien ahora sí aceitó su maquinaria electoral, la verdad es que el resultado fue bastante mediocre.

En efecto, no ganó el PRI, perdieron el PAN y el PRD porque en los números, el partido de la revolución no alcanzó la mayoría absoluta necesaria para dominar al Congreso y requerirá de un minipartido rémora que venderá muy cara su alianza con el tricolor, el PAN perdió sus bastiones por la imposición de candidatos desde Los Pinos y el CEN porque en el congreso no le fue tan mal como en otras ocasiones.

Así que el PRI viene demasiado confiado a solicitar la anulación del proceso electoral en Sonora.

Por otra parte, el terreno no está para meter artillería pesada, recordemos que el PAN no ganó en Sonora, ganó el voto de castigo al PRI por el negligente e indolente manejo de la tragedia de la Guardería ABC de Hermosillo.

Hacia principios de junio, con todo y los errores del Instituto Electoral en la colocación de spots de televisión, el PRI aventajaba las encuestas para la elección de Gobernador, pero después del 5 de junio y del pésimo manejo judicial primeramente, político y mediático seguidamente, precipitaron la derrota del tricolor el Sonora.

Así pues, pretender imponer en la mesa al PRI en Sonora podría significar un gravísimo error de estrategia política, cuando la ciudadanía repudia al priísmo en ese estado por sus omisiones y peor aún, podría tener un efecto multiplicador en el país que cambiaría la percepción ciudadana de la elección del 5 de julio por la de un “partido gandalla” como diría Germán Martínez.

Pero la parte más grave del error de estrategia del PRI es que con la impugnación, logró lo que ya parecía casi imposible, que el PAN se reagrupara y se uniera en torno a Guillermo Padrés, el proceso de selección interna del presidente de los panistas se ubicaría ahora en un foro interno y colocaría a sus militantes en la ruta de la unidad para sacar adelante la defensa de la gubernatura de Sonora.

Y es que tal pareciera que los intereses creados en torno al gobierno de Sonora durante los gobiernos de corte priísta, ponen al tricolor ante la disyuntiva de verse como un partido gandalla o quedar expuesto a escandalosos manejos políticos y complicidades criminales, de las que se viene hablando, por lo menos, en los últimos 10 años.

En una estrategia maquiavélica, el PAN podría dejar pasar el pleito en tribunales para sacrificar a Padrés y demostrar una vez más en las urnas, que los sonorenses ya no quieren al PRI por corrupto y, aunque el triunfo del PAN sea de rebote, esto le significaría el triunfo político que tanto necesita ahora para colocarse de nuevo en la contienda del 2012.

Así como los primeros gobiernos de lo que hoy es el PRI nacieron en Sonora, ¿El PAN podría sostenerse en Los Pinos en la batalla por Sonora?, ¿Sería Sonora el Waterloo del PRI?

lunes, 3 de agosto de 2009

La nueva cargada priísta


Si hay algo que en verdad pueda asustar a los padres es que un hijo se enferme y es aterrorizante cuando los médicos hacen un mal diagnóstico y, en consecuencia, un tratamiento equivocado que pone en riesgo la vida del descendiente.

Dicen los galenos de los tiempos pasados que la clínica lo es todo; una buena interpretación de los síntomas en una exploración física arrojará un diagnóstico preciso, porque si sólo recurrimos a la alta tecnología corremos el riesgo de obtener interpretaciones erróneas si los aparatos no están bien calibrados.

Así ha ocurrido en la sociedad mexicana que ha entrado en el juego psicológico de la elección del 5 de julio y se podría creer que el PRI volvió con poder avasallante en un proceso que en la realidad no lo es tanto, como se ha hecho ver en los pronunciamientos sin que hasta el momento se haya referido a las cifras oficiales.

Si bien es cierto que el PRI obtuvo un mayor número de posiciones en el pasado proceso electoral esto tiene dos causas fundamentales a saber; primeramente se trata de una elección intermedia en la que la baja participación de los ciudadanos fortalece al priísmo por ser el partido con más votos duros en el país; enseguida porque hay una verdadera decepción de la democracia porque entendimos mal la promesa y la interpretamos como camino de bienestar y no como medio para alcanzar las libertades ciudadanas, sin que ningún partido político se haya tomado la molestia de emprender una estrategia de comunicación para aclarar la confusión.

En vista de lo anterior resultaba lógico que el PAN y el PRD disminuyeran en las preferencias electorales, pero ello no significa que haya sido un desplome porque para el PAN, en las elecciones intermedias de 2003, obtuvo casi el mismo número de diputados que en el proceso del pasado 5 de julio, y veinte más que en la intermedia de 1997 en que el PAN se convirtió en tercera fuerza política; de hecho la legislatura saliente tuvo menos diputados que la del año 2000, de tal suerte que los números no son tan alarmantes; es más la elección arrojó que tanto el PRI como el PAN rondaron su votación dura.

Al PAN ya se le vaticinaba una pérdida del 40% de su representatividad nacional desde enero de 2009, por lo que su baja en las preferencias no es noticia, lo que hizo visible la caída electoral del PAN a los ojos de la nación no fue la elección federal, sino los resultados electorales en las gubernaturas que hicieron ver a un partido disminuido, sin liderazgo, dividido y entrampado en luchas de poder entre la militancia y la dirigencia.

En efecto, la participación de candidatos provenientes del centro, sin arraigo en la población de cada estado, perfiló la derrota del PAN en Colima, Nuevo León, San Luís Potosí y Querétaro; muy similar fue el apoyo del centro en la elección de Campeche; en Sonora tampoco ganó el PAN, fue derrotado el PRI por el voto de castigo como consecuencia de la indolencia del gobierno local por dar respuesta oportuna a las demandas de justicia por el incendio de la guardería ABC de Hermosillo y el rebote le favoreció a Guillermo Padrés, pero eso no significa que el PAN haya ganado el bastión histórico del PRI por una excelente campaña, sino por el perverso efecto de una tragedia.

Si fuera cierto el rumor de que las candidaturas a gobernador fueron impuestas desde Los Pinos, se comprenden entonces los motivos por los que Germán Martínez haya presentado su renuncia, por hacer fracasar los planes calderonistas de ganar los gobiernos sin perder al partido, y ahora se darán a la tarea de conservar los despojos del PAN para que no se los vaya a quedar alguien que no es de su grupo.

Lo cierto es que esa serie de actos de artificio dejan, en la opinión pública, la impresión de que el PAN se sabe derrotado por el PRI y si esa es la idea que se posiciona en el imaginario colectivo, la población se va a creer que en verdad el PRI ha vuelto por sus fueros y creará lo que en otros tiempos se llamaba “la cargada”

Por lo que toca al PRD, recordemos que desde marzo de 2008 se encuentra fragmentado y confrontado en una trágica historia que solamente afecta a la izquierda, en todas las variantes que pueda tener, porque se pasó de la impresión, a la certeza absoluta de ser un partido de rijosos a los que sólo les interesa el poder y los dineros que se pueden hacer desde él.

A diferencia del PRI y del PAN, el PRD sí experimentó una reducción de su votación dura de hasta el 20% y eso sí es una tragedia, porque el que un millón de los votantes fieles del perredismo no haya votado por su partido o haya preferido desperdiciar su voto, revela el grado de descomposición de la izquierda mexicana.

En efecto, la izquierda en México ya no es opción de gobierno, ni alternativa política, pero aún más grave resulta que ahora se presente a la nación como una secta política conservadora, antidemocrática, excluyente, reaccionaria y dogmática bajo un discurso que pregona exactamente lo contrario.

La caída del PRD tiene dos responsables directos; Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ortega, pero en ellos pesa más la soberbia que la humildad pues el interés de conservar los privilegios políticos de que gozan, por muy pequeños que sean, puede más que un verdadero proyecto democrático que favorezca a la sociedad y a quienes creen legítimamente que un proyecto de justicia social pueda reducir la desigualdad en nuestro país.

López Obrador tiene que entender que se ha terminado su carrera política y que salir a los reflectores tiende más a restar que a sumar, pero como tiene espíritu de dictador autoritario, lo único que se puede esperar es que la izquierda mexicana se siga destruyendo.

Como sea, siempre serán mejores las inconsistencias del panismo o las locuras del perredismo que volver al priato, y aquí sí la sociedad mexicana se podría traicionar a sí misma si cree que con la vuelta del PRI al poder, México alcanzará el tan anhelado progreso.

El problema está en los sutiles eslabones que unen la cadena política que perfila a Enrique Peña Nieto y al PRI a la presidencia en el 2012, porque es bien sabido que el operador del mexiquense se llama Carlos Salinas de Gortari, quien está reagrupando a lo peor del priísmo sucio para reposicionarse.

Pero la mala noticia es que los eslabones conectan a esa estrategia con personalidades de otros partidos que, en otras ocasiones, ya pactaron con el salinato o pertenecieron a él como Álvaro Arceo, Arturo Nuñez, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Genaro Borrego, Diodoro Carrasco, Luís Héctor Álvarez y el propio Felipe Calderón.

Derivado de este dato podría inferirse un panorama favorable al PRI en las elecciones de 2012 donde los principales actores políticos orbitan alrededor del salinismo y con un escenario en que el PAN está dividido y sin una figura prominente que pueda asumir la candidatura presidencial, y un PRD desgastado con candidatos sobreexpuestos y mal percibidos por la opinión pública.

El veneno del PRI es la votación masiva de electores y para 2012 habrá mayor participación electoral, pero si los votantes perciben que es inevitable el triunfo del PRI por el efecto psicológico de la elección de 2009, sumado a partidos débiles y a una clase política que apoyaría al delfín de Carlos Salinas, entonces México habría experimentado el retroceso social más grande de su historia.

Insistimos, el progreso de México no depende de sus gobernantes, sino de la acción civil de los ciudadanos y su activa participación en la vida pública; ya lo preguntó Pedro Ferriz en julio del año 2000; “México ya cambió, y usted ciudadano, ¿Ya cambio?” qué estamos esperando.

jueves, 4 de junio de 2009

El voto en blanco


Quizá nunca como antes en la historia electoral de México se haya dado un panorama tan sombrío como el que se augura para la elección del 5 de julio de 2009; crisis financiera, desempleo, inseguridad, emergencia epidemiológica y corrupción pública desbordada son los asuntos que dominan la esfera pública poniendo en un lejanísimo segundo plano al proceso electoral.

Podríamos decir que en una elección intermedia es, hasta cierto punto, normal el desinterés de la ciudadanía, primeramente porque no brillan las figuras de los candidatos presidenciales, en seguida porque no se tiene clara la función de los diputados y finalmente porque las cámaras, como institución, tienen los más bajos niveles de credibilidad y confianza; lo grave es que, para 2009, las empresas encuestadoras manejen estimados de participación electoral en los rangos del 20 al 35% del padrón de electores.

Si sólo dos o tres de cada diez electores acudirán a las urnas, ahí hay un mensaje clarísimo, los ciudadanos no quieren saber de la clase política por la simplísima razón de que no se sienten representados y no están dispuestos a seguir siendo comparsa de un montaje de muy mala calidad que a nadie convence.

Por lo tanto, la elección del 5 de julio de 2009 será eminentemente de votos duros, lo que significa una mayor presencia política del PRI en el Congreso y no porque ya sean buenos y se hayan reformado, sino porque simplemente tienen más votantes fieles que cualquier otro partido sin que tengan que mover un dedo; bajo esa lógica el PAN sería la segunda fuerza política nacional y en seguida el PRD, la elección ya está cantada.

Lo triste es que el PRI sigue siendo el mismo pillo que, sí, creó instituciones, pero para hacer parasitaria a la sociedad mexicana, y peor resulta cuando los demás partidos tampoco representan las aspiraciones legítimas de los ciudadanos y ni siquiera son capaces de articular un discurso político coherente con la realidad cotidiana, los políticos se han vuelto una oligarquía que se divorció de los ciudadanos y sólo recurre a ellos para regalarles espejitos a cambio de votos.

Pero qué se puede hacer cuando el ciudadano no se siente representado ni motivado a avalar alguna propuesta electoral, es justo en esa coyuntura que se han dado las argumentaciones más inverosímiles y estúpidas a la vez, que van desde el voto útil, que no es más que la cargada por el que parece que va a ganar, hasta la votación de candidatos no registrados y la anulación del voto. ¿Y las necesidades ciudadanas en el ámbito de competencia legal de las cámaras?

En sí, anular el voto es un mensaje ciudadano claro, pero insistimos en que sólo fortalece el esquema del voto duro y no hay, de momento, ninguna manera contundente de hacerle saber a la clase política que no estamos de acuerdo con la conducción que están haciendo del país, ni en los métodos para alcanzar lo que se supone sería para nuestro beneficio, la verdad es que los ciudadanos no somos consultados seriamente sobre la visión que tenemos de país y nos tenemos que contentar con observar a una partida de ignorantes soberbios que se abrogan el derecho de adivinar e interpretar lo que pensamos.

Sin embargo creo firmemente que los ciudadanos podemos empujar una de las reformas electorales más profundas y contundentes que podría tener el país, llevando a la arena electoral la capacidad social de disentir y de castigar a la clase política cuando se vuelve soberbia.

Me refiero al voto en blanco que, a diferencia del voto nulo, es la legal y concluyente manera de decirle a partidos y actores políticos que no estamos dispuestos a solapar su irresponsabilidad y que por lo tanto se les castigará donde más les duele, la pérdida de poder y dinero.

El voto en blanco debe ser una alternativa del elector para que su voto sea contabilizado y validado por la autoridad electoral con una premisa fundamental, la manifestación del ciudadano de que no quiere a nadie ocupando una curul desde la que, de por sí, no está representado.

Es decir, qué más da si la curul o el escaño se quedan vacíos, si de todas formas estando ocupados el ciudadano no tiene espacio de participación e interlocución para con el poder público.

La idea es que en el COFIPE se establezca la figura del voto en blanco, destinando un espacio en la boleta electoral con esa leyenda, junto a los logotipos y candidatos por cada partido político con registro y que esos votos en blanco sean contabilizados como válidos en la elección hasta el punto de que, si en un distrito o estado el voto en blanco obtuviera el mayor número de votos, la curul o el escaño queden vacíos durante todo el periodo constitucional.

Lo anterior será un mensaje definitivo a los políticos, o representan a los ciudadanos o en las urnas nos veremos las caras, con las consecuentes mermas al poder político y al dinero que los partidos y políticos tanto necesitan para seguir manipulando a las instituciones del Estado mexicano, desde luego que los distritos en blanco también deberán tomarse como consideración en la proporción de curules y escaños plurinominales.

Que si esta propuesta le quita poder a los partidos, no hay ninguna duda, pero precisamente eso es lo que hay que hacer para que los políticos pongan más atención a los ciudadanos y sepan traducir, sin ambigüedades o mentiras, las prioridades y aspiraciones legítimas de la población.

Otra opción será dejarnos de simulaciones y reformar los artículos 39, 40 y 41 de la constitución para sustituir al “pueblo” por los “partidos políticos”.

O usted qué opina querido lector, ¿Empujamos esa reforma ciudadana?

miércoles, 27 de mayo de 2009

La democracia frankensteniana


Si ponemos atención a la novela de Mary Shelley intitulada Frankenstein o el Moderno Prometeo, de 1818, se puede tener por lección que la falta de moral -científica en su caso- y el afán de rivalizar con Dios en poder, crea un monstruo horrendo que se hace objeto del rechazo y la incomprensión social que lo lleva al sufrimiento hasta que termina por aniquilar a su creador y autodestruirse.

También pareciera un libro profético sobre la democracia mexicana, porque así hicieron los legisladores con un sistema electoral que, en vez de electricidad, fue animado con odios y venganzas que se han ganado el rechazo social frente a la complacencia de una partidocracia degenerada que se frota las manos ante la renuncia del pueblo a la participación activa en la cosa pública.

Menudo favor le hacen los políticos a su sistema de democracia electoral que ahora premia la mentira, la ignorancia y la retórica demencial pero al mismo tiempo castiga la crítica y el debate ciudadano, confinando a la población a mero espectador de una obra de teatro de revista de mala factura y con actores chafas por la que se tiene que pagar un boleto muy costoso.

El monstruo que la clase política ha creado se ha ganado hasta el rechazo de sus creadores y además no es funcional para cualquier pueblo que se precie de ser democrático, porque ha pasado de ser un árbitro electoral a un servil cómplice de las conveniencias partidistas, que no es capaz de señalar las inconsistencias y falsedades de las propuestas de campaña de los partidos y candidatos, pero sí está disponible para señalar con dedo flamígero a la sociedad organizada que hace cuestionamientos sobre la pobreza intelectual y formal de las propuestas electorales.

Si analizamos los ofrecimientos de los diferentes partidos políticos podremos ver con tristeza que siguen pensando que el pueblo de México está constituido por párvulos estúpidos que no son maduros ni capaces de comprender una estratagema de acción legislativa y política.

Cierto es que la población permanece ignorante, y ha renunciado a enterarse, del importante papel de las cámaras en la vida pública del país, pero los partidos no han fomentado la cultura política e incluso apuestan a conservar el statu quo para que la población siga dejando en manos de los políticos la cosa pública y así satisfacer sus más oscuros intereses.

La apuesta panista engaña a los mexicanos porque les está ofertando seguridad pública como si se tratara de un simple programa gubernamental prescindible cuando en realidad se trata de una de las obligaciones fundamentales de todo Estado. Cierto es que el gobierno del Presidente Calderón ha emprendido una valiente lucha contra el hampa organizada pero ello no significa una graciosa concesión del poder público a los ciudadanos, es su obligación y para eso se le dio mandato.

Miente el PRI al querer adjudicarle al gobierno de la República la responsabilidad de la crisis financiera, económica y de empleo, cuando a todas vistas esa crisis vino de afuera y principalmente de un país con el que los propios priístas se empeñaron en establecer un acuerdo de libre comercio; por otra parte, el priísmo se asume como experimentado y conocedor del arte de gobernar y pareciera olvidar que cuando tuvieron la oportunidad de demostrarlo simplemente no lo hicieron o no supieron hacerlo.

En cuanto al PRD también miente y se pone en evidencia su profunda ignorancia de la teoría política más elemental y de la política pública al pretender ofrecer programas que son competencia del Ejecutivo en una elección del Legislativo; además, demuestran su falta de conocimiento del derecho creando leyes sobre programas sociales y olvidan que la ley es general, obligatoria, abstracta e impersonal, por lo que, hasta los ricos –que tanto dicen odiar- se verían beneficiados con programas de asistencia social.

Por lo que toca al Partido Verde, no está ofreciendo nada nuevo y por el contrario está proponiendo refritos de hace años sobre temas relacionados con la educación y la seguridad social; en efecto en 1999 Vicente Fox propuso la creación de un seguro universal que permitiera a los mexicanos la atención médica en instalaciones públicas o privadas con cargo a la institución que aseguraba, de ese intento solo el Seguro Popular sobrevivió a los intereses políticos; en cuanto a la educación, en 2004 Ricardo Salinas habló de la implementación del Bono Educativo, propuesta que recogieron algunos legisladores y que nunca tuvo eco en las cámaras por las presiones políticas de grupos de interés y la mafia del SNTE.

Además, cabe mencionar la total ignorancia de los verdes a los instrumentos de política exterior y los tratados internacionales al pretender reinstaurar la pena de muerte en México, medida que ha probado que no reduce la criminalidad, amén de que es una ironía que el partido que defiende la vida se pronuncie a favor de la muerte, lo que se requiere no son sanciones más severas, sino que se cumplan las que existen y el Verde no puede comprometerse a ello porque sería escupir para arriba al tener en la impunidad a su presidente nacional, recuerden el video de los millones de dólares.

El turno corresponde al matrimonio del PT y Convergencia que pretenden engañar al elector diciendo que se estaría mejor con López Obrador, como si el mesiánico lidercillo hubiera podido contener una crisis económica que venía de fuera, ya lo quisiera ver justificándose y culpando al PRIAN de crearle un complot económico al lado de las potencias para hacerle fracasar su proyecto alternativo. Resulta evidente que López Obrador tiende más a hacer perder que a capitalizar votos, pero lo que no comprenden sus partidos parásitos es que el tabasqueño está apostando a perderlo todo para tener aún argumentos de descalificación a las instituciones del Estado, hay que tener cuidado porque su apuesta es a la destrucción definitiva del IFE al acusarlo de la pérdida del registro de dos partidos.

El nombre Nueva Alianza no significa necesariamente que sea una mejor alianza, sino el reacomodo de políticos en torno al mismo interés caciquil en el SNTE, por lo que su propuesta de educación basado en becas es una promesa hueca que no responde a la necesidad de una educación de calidad que saque a los mexicanos del oscurantismo y los convierta en ciudadanos cultos y críticos que exijan a sus gobernantes un comportamiento a la altura de su pueblo. Su estrategia responde a mantener los privilegios sindicales de su líder y su posibilidad de hacer contrapeso político.

En cuanto a los socialdemócratas no se concibe que pretendan hacer de derecho lo que de hecho ya existe y que, al no haber prohibiciones, se permite tal como la diversidad sexual y la laicidad del Estado, y recalco Estado que no tiene que ver con la fe que profesen los gobernantes, o al menos yo no he visto que el nombre del país se haya convertido en el Sacrosanto y Católico Estado Mexicano; por lo que toca a la despenalización de drogas y aborto se tratan de asuntos del orden privado que de llevarse al ámbito público y sobre todo del derecho terminan por atentar precisamente contra el principio de la libre elección, además de que no podrían llevar a la generalidad postulados en los que amplios segmentos de la población no están de acuerdo precisamente por ignorarse las características de la ley, esas conductas no debieran ni permitirse ni prohibirse, simplemente debieran estar fuera de la legislación.

Como se puede apreciar, los partidos no salen bien librados al simple análisis de sus propuestas, por el contrario terminan con un saldo negativo porque ponen en evidencia sus miserias; o son perversos y pretenden engañar a la población a sabiendas de que no se consideran las propuestas y plataformas y las ponen por puro relleno confiados en que la compra del voto y la manipulación les darán el triunfo, o son intelectualmente tan pobres que no pueden construir propuestas medianamente cercanas a la realidad y sobre todo coherentes con la teoría del Estado y con el marco legal e institucional que nos hemos dado.

Queda entonces al descubierto que los partidos han excluido al pueblo de la cosa pública y sólo lo utilizan para legitimar sus acomodos; y para poner la cereza en el pastel, se han creado un adefesio electoral a modo para mantener a una oligarquía mediocre que se reparte el poder.

Lo cierto es que la población está más desinteresada que nunca en votar y el abstencionismo podría sacar de la competencia a los partidos; sólo es cosa de esperar que no sea que tengan el nefasto destino de Víctor Frankenstein y terminen aniquilados por el monstruo que crearon.

jueves, 14 de mayo de 2009

¿A qué le es fiel Fidel?


El ex presidente y ahora líder ideológico de la República Cubana, Fidel Castro Ruz, reaccionó a las declaraciones del Presidente mexicano Felipe Calderón en torno a la cancelación de su Visita de Estado a la isla a mediados de 2009, y acusó al gobierno de México de ocultar la información relativa al virus de influenza humana A-H1N1, para que no se frustrara la visita oficial del Presidente de Estados Unidos Brack Obama a la nación mexicana.

Si bien, en la primera lectura parece una respuesta virulenta de Castro contra las declaraciones sarcásticas y desafortunadas del Presidente de México para cancelar su visita oficial; lo cierto es que las afirmaciones de Castro dan espacio para el análisis sobre los motivos para exponerlas, tomando en cuenta que el ex presidente cubano “no da paso sin huarache”

Primeramente hay que entender que Fidel Castro ya no ostenta ninguna dignidad ni representación oficial del Estado Cubano, y en consecuencia, no deberían tomarse en consideración sus declaraciones porque no es nadie para hacerlas, y el hecho de que el gobierno mexicano responda pone en evidencia, una vez más, a la diplomacia mexicana como falta de oficio, por decir lo menos, cualidad que sí entiende Castro, que ha utilizado en su favor para colocarse en la escena política continental.

Pero más allá del acierto político de Castro, podemos especular sobre los motivos colaterales que pudiera tener el líder cubano para subir a la palestra con un tema tan fuera de lugar y que pone de nuevo en tensión a las relaciones diplomáticas entre México y La Habana.

Y la hipótesis cándida sería la de acusar a México para descargar en otros la posibilidad de que se desate una epidemia catastrófica para la isla y así justificar la falta de operatividad e insumos para superar la emergencia sanitaria en un país que presume de tener uno de los mejores sistemas de salud del mundo, ¿Será acaso que el sistema de salud cubano es mucho más vulnerable de lo que podríamos pensar?

Pero como “para tener la lengua larga hay que tener la cola corta” extraña el hecho de que Cuba señale a México por ocultar información, cuando precisamente Cuba ocultó durante 16 días que tenía, en su territorio, a un mexicano contagiado del virus de la influenza humana, y no sólo eso, sino que hasta el momento, no se sabe de quién se trata, dónde se encuentra hospitalizado y cuál es su estado de salud, y como el gobierno cubano, que no es Castro, ha tomado medidas sanitarias que afectan el transporte con México, y además no ha habido un pronunciamiento oficial de La Habana, es entonces que surge la segunda y más perversa hipótesis.

El presidente de los Estados Unidos ha flexibilizado las políticas contra el régimen de La Habana e incluso no descartó la posibilidad de levantar el embargo a la isla, y a este esfuerzo México se ofreció de inmediato para mediar entre Washington y La Habana con el objeto de lograr ese propósito que sacaría a Cuba definitivamente de su lamentable situación política.

Si se levantara el embargo, necesariamente se tendrían que acelerar las transformaciones democráticas y económicas en Cuba y entonces la historia ideológica de todo el continente americano y el equilibrio de fuerzas se transformarían para siempre.

Pero qué pasaría si la fórmula Washington-México-La Habana se echa a perder, precisamente acusando a México de poner en riesgo la vida del Presidente de Estados Unidos y en consecuencia de propagar una perversa epidemia por el mundo, en donde Cuba no tendría la capacidad de mantener viva a su población.

En el momento en que se tensen las relaciones entre México y los Estados Unidos, y al mismo tiempo entre Cuba y México, se elimina al mediador y se conjura nuevamente la posibilidad de un entendimiento entre Cuba y los Estados Unidos que haga posible el fin del embargo.

No hay que olvidar que el principal beneficiario del embargo a Cuba se llama Fidel Castro.

El líder cubano necesita que el embargo se mantenga para tener un pretexto ideológico que lo haga sobrevivir en un mundo que ya lo rebasó; necesita mantener el liderazgo moral sobre Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Perú, El Salvador, Guatemala y el Caribe, y si desaparece el pretexto, Castro se desvanece con el humo de los cañones revolucionarios.

Todo hace indicar que lo que más le preocupa a Fidel Castro es Fidel Castro y ha utilizado a los pueblos de América como pretexto para serle fiel a su proyecto personal y para no ser juzgado por la historia mientras siga viviendo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Hallazgo de una nueva especie: El Homo Stupidus



Recientes análisis empíricos de antropología han permitido establecer una hipótesis, bastante fundada, de que el proceso evolutivo que Charles Darwin estableció está encontrando una suerte de retroceso –tal como la teoría de la expansión y contracción del Universo-.

Las especulaciones nos llevan a identificar a una nueva especie de homínido que se caracteriza por una morfología muy parecida a la del Homo Sapiens pero que tiene notables diferencias en su desarrollo encefálico, puesto que tiene más fuertes las conexiones neuronales propias del Neandertal para el uso de herramientas con fines prácticos, pero carece de capacidades cerebrales para reconocerlo como una especie social; por el contrario es una especie individualista.

Además de que no basa su subsistencia en la obtención de satisfactores básicos tales como el alimento, la vivienda y el vestido; dándole valor, en cambio, al procesado de la celulosa con colorantes artificiales que se denomina dinero y que no tienen ninguna propiedad nutritiva, ni curativa, ni fibrosa como para guarecer y vestir a esta criatura.

Lo más gracioso de esta especie es que, a pesar de no ser social, busca agruparse para ser observado por el resto de sus congéneres con envidia y celo, con el objeto de humillarlos y estén dispuestos hasta a denigrarse para poder emularlo; además de que tiene una conducta carroñera que aprovecha al mezclarse entre los de su especie y la del Homo Sapiens para despojarlos de lo que posea.

Llamaremos a esta nueva especie como Homo Stupidus, mutación del Homo Sapiens pero con menos cualidades que éste, con un leguaje que es capaz de hacerse entender con los seres humanos, por lo que hoy podemos saber que se llaman a sí mismos “ricos” y les gusta ser denominados así.

Aquí hay que hacer una pausa para diferenciar lo que es “rico” para el Homo Sapiens contra lo que interpreta el Homo Stupidus: En la lógica conceptual de los seres humanos “rico” proviene del Gótico Reiks y se refiere a la abundancia, sea esta de cualidades, atributos o bienes; en cambio para el Homo Stupidus “rico” es aquél individuo de su especie que acumula el procesado de celulosa en grandes cantidades, aunque nunca le de utilidad, solo por el hecho de concentrarlo y no está dispuesto de ninguna manera a compartirlo ni con sus progenitores, aunque sepa perfectamente que toda esa concentración le genera más problemas que beneficios, y que no le servirán de nada a su muerte; su conducta es como la de un necio sin inteligencia como para darse cuenta de que viviría mejor si no concentra tanto dinero, por eso es la categoría de Stupidus.

Mientras que el Homo Sapiens se refugiaba en cavernas en sus primeros tiempos, el Homo Stupidus se refugia en cosas intangibles como cuentas bancarias, inversiones, mercados de “valores” y entidades financieras especuladoras. Hoy podemos afirmar que se trata de una especie peligrosa porque no le asigna ningún sentido de valor a la vida y está dispuesto a aniquilarla con el fin de poder acumular más dinero.

Lo más escalofriante de éste análisis es que esta especie mutante ya existía desde hace años y no nos habíamos dado cuenta porque estaba mezclada con los seres humanos, por lo que le sugerimos poner atención, no es difícil identificarlos, de inmediato demuestran su interés desmedido y valoración del dinero por encima de todas las cosas, deidifican el dinero sin importar los cómos, simplemente por ser dinero.

Para poner un ejemplo, Bernard Madoff y Robert Stanford entre muchos otros pertenecen a esa especie, en cuanto los Homo Stupidus agrupados podemos encontrar a los “especialistas” de calificadoras como Standard & Poor’s, Fitch Ratings, y Moody’s, entre otros así como a los editores de la Revista Forbes que recientemente mostraron su condición de Homo Stupidus al poner a otro de sus congéneres –de menor rango- entre la lista de los grandes potentados del mundo.

Nos referimos a Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como “El Chapo” que es otro Homo Stupidus que cree que acumular dinero a costa de vidas humanas es importante; y cómo no colocar en la clasificación de Homo Stupidus a los editores de Forbes cuando incluyen a personajes de la delincuencia organizada, sin considerar las atrocidades y los daños físicos y psíquicos que dejan en el camino solo por obtener más dinero.

Valorar al individuo por lo que tiene y no por lo que es, resulta la estupidez más grande que puede existir y revela el grado de atrofia mental de esta nueva especie de homínido que nada tiene que ver con las cualidades de los seres humanos.

Quiero imaginar las consecuencias de la Lista Forbes que ahora dejarán la impresión, en la juventud desorientada, de que volverse delincuente tiene muy alta rentabilidad económica y ahora hasta prestigio social.

Resulta que ahora me surge una duda, si el Chapo aparece en esa lista, debo dudar de la solvencia moral del resto de los enunciados en esa lista; la decisión editorial de Forbes denigra a potentados que con un honesto esfuerzo han creado su fortuna, denigra también a la propia revista porque le quita seriedad y revela la condición de Homo Stupidus de sus editores y directivos.

Los seres humanos tenemos la obligación de domesticar y contener la conducta del Homo Stupidus antes de que nos amenace y termine por hacernos daño.